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La compulsión a la repetición

por Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

Freud dijo que sólo el hombre es capaz de tropezar tres veces en la misma piedra. Somos capaces de incurrir en los mismos riesgos mil veces aunque salgamos dañados o de tomar mil veces la misma decisión errónea. Y ocurre así porque lo que perseguimos se encuentra en un plano inconsciente que queda representado externamente por algo que lo simboliza. Es la compulsión a la repetición. Veamos.

Hace muchos años traté a una paciente que acudía por una depresión. Tras analizar la sintomatología que presentaba le pregunté con qué relacionaba su depresión. Respondió que con las agresiones que sufría por parte de su marido cuando bebía. Al llegar a los antecedentes personales me contó que a los 18 años sufría las agresiones de una pareja alcohólica pero decidió romper con él tras dos años de malos tratos. Conoció a su marido un año después y observó que bebía también pero pensó que ella iba a lograr que abandonara el consumo. Al llegar a los antecedentes familiares me contó que su padre era alcohólico y que pasaba mucho miedo al ver cómo agredía a su madre cuando bebía. Le pregunté qué le había llevado entonces a elegir a un hombre que bebía cuando sabía lo que podía llegar a hacer eventualmente una persona en estado de ebriedad a su pareja. Me dijo que ella estaba segura de lograr que su futuro marido dejara de beber cuando contara con el amor con el que ella se iba a entregar.

Esta paciente presentaba una clara compulsión a la repetición. Desde fuera su conducta podría parecer absurda, no sujeta a las leyes de la razón. A lo largo de las sesiones la paciente fue dándose cuenta del profundo afecto que sentía por su padre desde su infancia y del escaso afecto que sentía por su madre, una mujer fría, distante y ciertamente castrante tanto con ella como con su padre. Se dio cuenta de que ella había culpado inconscientemente a su madre del alcoholismo de su padre por la frialdad con la que siempre le había tratado y que, en las personas de sus parejas alcohólicas, había intentado “curar” a su padre para demostrarse poderosa y capaz frente a su madre. 

He resumido sucintamente lo que costó muchos meses elucidar para hacerlo más comprensible. Con la terapia logró resolver sus conflictos inconscientes, se separó del marido alcohólico y estableció una nueva relación con otro hombre que también bebía pero de forma muy moderada y sin que su ingesta de alcohol condicionara su funcionamiento.

Con frecuencia no vemos en los demás sino representaciones de nuestros fantasmas internos. Como si fueran actores a los que les asignamos los papeles de nuestros personajes inconscientes. Convertimos así nuestra relación con ellos en un intento de resolver los conflictos inconscientes que tenemos con las personas a las que representan para nosotros. Pero olvidamos que esas personas que tomamos como actores son totalmente reales y que tienen una vida propia (como el ex-novio y el marido de la paciente) lo que separa el resultado de nuestra interacción de lo esperado y nos conduce a una nueva repetición compulsiva de la representación externa de nuestro conflicto. 

Jacques Lacan decía que en la medida que el sueño nos muestra de forma simbólica nuestros conflictos inconscientes, es precisamente en el sueño cuando estamos más cerca de la realidad pues al despertar y relacionarnos con los demás lo que hacemos es en esencia alejarnos sin darnos cuenta de aquella. Y es así, no cabe duda. Por eso tropezamos tres veces y las que haga falta en la misma piedra. Dedicamos nuestra vigilia a interaccionar con la realidad sin darnos cuenta de que gran parte de lo que percibimos como realidad no es más que una mera representación de nuestros fantasmas inconscientes. Y por eso repetimos y repetimos como Sísifo nuestros errores. 

Para terminar he traído la magistral película de “Tiempos modernos” de Chaplin. En ella ocurre una divertida, aunque en esencia terrible, especie de compulsión a la repetición en la escena que discurre en una cadena de montaje de una fábrica (minutos del 01:45 al 02:29 del video). En ella, el trabajador condicionado por el movimiento que realiza repetitivamente apretando dos tuercas de forma simultánea una y otra vez a toda velocidad, acaba persiguiendo cuando sale a la calle a una mujer que lleva dos botones hexagonales en su pecho para apretárselos también. Obviamente no es víctima de un condicionamiento inconsciente pero sí actúa con el mismo automatismo que lo hace un individuo cautivo de una compulsión a la repetición por un conflicto inconsciente no resuelto.

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