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La “conformidad social”: elemento peligroso pero clave para la supervivencia del grupo

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por Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

  Desde que nacemos intentamos encajar nuestras apetencias y tendencias en los esquemas de nuestro grupo: primero la familia con sus normas y costumbres y a partir de la adolescencia el grupo social.  

  El ser humano es un animal social y gregario que se rige, normalmente, por leyes que le cohesionan con el grupo. Imitamos e incorporamos las normas que se nos muestran y que desde muy pronto hacemos propias.

  Todos hemos visto a un bebé moviendo negativamente la cabeza cuando le indicamos que lo que está haciendo “no se hace”. No puede hablar ni entender la norma pero eso no le impide “aprenderla” e incorporarla. Tras unas repeticiones no lo volverá a hacer.  

  Estamos programados biológicamante para entendernos y convivir porque esa conducta evolutivamente ha demostrado una eficacia tanto para la perpetuación del grupo como para la sus miembros individuamente.

  En un curso de doctorado sobre antropología médica un profesor nos dijo que aunque no hubiera Dios o éste hubiera estado ocupado en otras tareas cuando Moises subió al Monte Sinaí, los diez mandamientos los podía haber escrito el profeta o cualquier persona inteligente preocupada en dar cohesión al grupo social y así asegurar su supervivencia: no matarás, no robarás, no mentirás etc.   

  Hace una semana una persona hablaba de una creencia mágica extendida: la sal vertida sobre la mesa da mala suerte. Los romanos pagaban una parte del sueldo a sus soldados con una bolsa con sal (de ahí la palabra salario), un elemento clave entonces para la conservación de la carne. Esa bolsa se entregaba al soldado arrastrándola sobre la mesa para que no se cayera nada. Se evitaba así discutir si la sal que cayera eventualmente sobre la mesa debía asumirla el pagador o el asalariado. Lo que queda hoy es la superstición de que la sal derramada da mala suerte. Cuando alguien lo hace para evitar la mala suerte tan sólo intenta, sin saberlo, evitar una discusión.

  Continuamente estamos incorporando lo que entendemos por normas nuevas: la moda, las tendencias políticas, las tendencias musicales. Aunque no seamos conscientes nos sumimos en estas tendencias y las imitamos. Dependiendo del grado de sugestionablidad y necesidad de adhesión y aceptación podemos llegar a hacer lo que veamos (“allí donde fueres haz lo que vieres”) y pensar como nos digan.

  Es lo que en psicología se denomina la conformidad social, fenómeno estudiado  desde que el psicólogo Arthur Jeness lo descubriera en 1932 y el psicólogo social norteamericano Solomon Asch profundizara y lo divulgara en 1951 que consiste en un cambio en una creencia o en la conducta que se realiza para encajar en un grupo social. ¿Por qué lo haces? Porque lo hacen los demás.

  Es el fenómeno que sostiene las tradiciones, la cultura y las normas básicas de convivencia como guardar una cola, frenar en un semáforo en rojo etc. Esto facilita la convivencia y da seguridad a los miembros del grupo porque le permite anticipar la conducta de los otros. Es algo esencial en la cultura japonesa, por ejemplo, en la que el rechazo del grupo puede llegar a conducir al suicidio con frecuencia. Sin embargo es más raro en las culturas occidentales donde el individualismo tiene más fuerza y tiene un refuerzo social.

  Según Asch hay cuatro grados de conformidad tras la exposición a una tendencia social:

  1. Independencia: EL sujeto no experimenta ningún cambio frente a la tendencia en la que está inmerso.
  2. Conversión: el sujeto sólo acepta la tendencia en el plano privado pero no en el público.
  3. Complacencia: el sujeto sólo acepta la tendencia en el plano público.
  4. Interiorización: el sujeto adquiere esa tendencia de forma pública y privada.

  A su vez, la conformidad social puede guiarse por tres tipos de influencia:

  1. Normativa: La conformidad con la tendencia está condicionada por la necesidad de evitar el rechazo del grupo. Los otros se convierten en fuente de recompensa o castigo.
  2. Informativa: Aquí la conformidad con la tendencia se basa en la necesidad de no equivocarse, la necesidad de acertar. Los otros se convierten en una referencia que resuelve la duda o un conflicto interno.
  3. Identificativa: El sujeto acepta un papel que le es asignado porque le define frente al grupo. Los otros se convierten en una autoridad.

La conformidad social no es necesariamente positiva. Como decimos, por un lado, emana de la necesidad de cohesión y asegura la supervivencia del grupo. Pero también puede dar lugar a movimientos sociales y políticos con un mayor o menor grado de fanatismo lo cual ha estado  detrás de muchas guerras y conflictos (el más reciente la guerra en Siria).  

  No olvidemos que el partido nazi ganó con sólo un 23% de los votos las elecciones alemanas en julio de 1932 y que gran parte del otro 77% del electorado, mostrando esta conformidad social, contribuyó ayudado por el hábil y potente aparato de propaganda de Goebbels a la catástrofe de la II Guerra Mundial tan sólo 7 años después.

  A continuación pueden ver un video con uno de los primeros experimentos realizados por el psicólogo Asch sobre conformidad social con sus sorprendentes resultados. 

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