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La familia narcisista: una fábrica inagotable de neurosis experimentales.

por Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

  Hemos tratado ya desde varios ángulos la personalidad narcisista pero hoy queremos abordar el problema del narcisismo familiar, el de aquellas estructuras familiares basadas en el narcisismo de uno o de ambos progenitores.  

   De todas las influencias posibles durante la crianza, la del narcisismo familiar es una de las más tóxicas. Como ya hemos visto en otros posts, la persona narcisista fantasea con un poder, riqueza, belleza o inteligencia ilimitados, explota a los demás en su propio beneficio, exige admiración y sometimiento en su entorno y carece de empatía entre otros aspectos. ¿Imagina el efecto que alguien así puede tener en una familia?  No es difícil estimar que será devastador, analicemos porqué.

   La persona narcisista concibe a los demás como simples prolongaciones de sí misma. El narcisista entiende que el cometido de los demás es tan sólo satisfacer sus deseos y mantener su poder y, por eso, hace todo lo posible para someter y suprimir toda iniciativa independiente a su alrededor. Esta dinámica es mucho más observable en un entorno de trabajo cuando el narcisismo afecta a un jefe, por ejemplo, pero en este caso los miembros pueden marcharse y romper su sometimiento. En el grupo familiar, por el contrario, el efecto es mucho más sutil y complejo, es un proceso que se cocina a fuego lento y carece de posibilidades de “deserción” precoz. La indefensión de los hijos alcanza en este caso uno de sus mayores grados.

   La familia narcisista es como una secta en miniatura, y resulta de la explotación narcisista que uno o ambos progenitores lleva a cabo sobre los hijos. En general, se basa en la presencia de un solo progenitor narcisista (con frecuencia el padre) mientras que el otro que se pliega a sus deseos y actúa de forma complementaria (con frecuencia la madre). Los hijos están sometidos a un ideal del/los padre/padres por lo que carecen de identidad e iniciativa propia, su misión se limita a gratificar las necesidades de los padres. Por ejemplo, el hijo actuará cortésmente u obtendrá altas calificaciones no para sentirse bien si no para demostrar que es un digno miembro del clan. En estas familias, se exaltan las bondades de los hijos como una forma de verificar las bondades de sus modelos, los padres. Son niños 10, perfectos, a los que se les ensalza siempre, independientemente de que lo que hagan esté bien o mal. Es frecuente que se les someta a una apretada agenda de actividades extra-escolares pero no se les deja un minuto para jugar o aburrirse. Les hacen creer que son los mejores y que están por encima de los demás. Por supuesto sus errores siempre se justifican por causas ajenas. “Suspende porque el profesor de matemáticas no le enseña bien”, “es muy guapo, ha salido a su padre”, “es muy inteligente, ha salido a su madre”, “No cabe duda de que Pedro es un perfecto González”, son frases que suenan con frecuencia en estos entornos. 

Es fácil adivinar que escapar sano de una familia narcisista no es una tarea fácil. La mayor parte de los hijos desarrollan también una personalidad narcisista pero otros, con la llegada de la adolescencia y su exposición social a distintos credos y tendencias, reconocen su sometimiento e inician un lento proceso de independización y transformación

   Es frecuente que los hijos en una familia narcisista:

  • Sean demasiado correctos.
  • Tengan una baja autoestima y su amor propio siempre dependa de sus logros.
  • Actúen de acuerdo a sus deberes, no sus deseos.
  • Teman llegar a ser como sus padres.
  • Sean competitivos y muestren resentimiento con sus hermanos.
  • Se hayan sentido tratados como parejas de sus padres, o incluso como padres de sus padres, pero no como sus hijos.

   En 2015 el psicólogo americano Eddie Brummelman publicó en un estudio longitudinal en la prestigiosa revista Proceedings of the National Academy of Sciences, sobre una muestra de 565 niños observados entre los 7 y los 12 años (http://www.pnas.org/content/112/12/3659).  Analizaba el impacto de la sobrevaloración y sobreprotección en la crianza de los niños. Los resultados concluyeron que la influencia de la sobrevaloración, adulación y exceso de premios familiar es clave en la génesis del narcisismo. El autor rebatía con sus datos la hipótesis psicoanalítica de la carencia afectiva en la génesis de esta personalidad. Sin embargo, no analizaba cómo los progenitores narcisistas sobreprotectores dan todo a su hijo excepto lo que necesita: empatía y afecto. Sus resultados no son opuestos por tanto a la teoría carencial que hemos analizado en otro post.

Depresión narcisista
 

   Estas familias cuentan con preferencias y gustos de grupo (“a nosotros nos gusta veranear en la montaña”, “nosotros siempre votamos al partido X”, “en casa somos más de Papá Noel”) que exponen sin tener en cuenta el mínimo interés que tienen para el interlocutor.  

   No es raro que en estas familias se designe a un miembro como depositario de los aspectos negativos y las envidias inconscientes del grupo, aquel que no está a la altura de los demás (en realidad suele ser un competidor del padre), que sufre la humillación y desprecio del grupo y que con frecuencia acaba presentando patología psiquiátrica, es el enfermo designado o chivo expiatorio del que nos ocuparemos en otro post.  

   Es fácil adivinar que escapar sano de una familia narcisista no es una tarea fácil. Lo más frecuente es que la absorción sea tal, que los hijos desarrollen también una personalidad narcisista. Su carga genética se complementa con una crianza inexorable y muchos no tendrán escapatoria. Pero muchos otros, con la llegada de la adolescencia y su exposición social a distintos credos y tendencias, reconocerán su sometimiento e iniciarán un lento proceso de independización y transformación.

   No es raro que estos “desertores” se depriman y soliciten ayuda, especialmente cuando han sido designados como chivos expiatorios. Es importante hacerles ver entonces la distorsión en la que han crecido, su ciego sometimiento a los padres, mostrarles la posibilidad de encontrar un lugar en el mundo que no necesite la aprobación de aquellos, la necesidad de tomar distancia emocional de ellos y alentarles en el desarrollo de una vida guiada por sus propios deseos y criterios alejada de sus padres.

   Muchas veces el hijo espera que sus padres cambien y reconozcan sus necesidades. Debemos ayudarle a ver que esto puede ser una tarea imposible y que es más sencillo que el cambio se produzca en él/ella. No tiene porqué producirse una ruptura formal con la familia, basta con que ésta se produzca en el plano emocional.

   Como es lógico, es frecuente que la familia narcisista reaccione atacando al terapeuta (a través del paciente o, incluso a través de las redes sociales), a la terapia y al paciente, pero es un coste que hay que asumir pues conduce a la libertad y la madurez del paciente.     

    

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