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La ludopatía: nuevos avances en el diagnóstico y el tratamiento

La ludopatía: nuevos avances en el diagnóstico y el tratamiento

por Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

La ludopatía ha sido un trastorno reflejado en la literatura desde hace siglos que sin embargo no atrajo la atención de la psiquiatría hasta la década de los 90 por el predominio del paradigma moral de las adicciones. Como dijimos en el caso de los alcohólicos, según esta concepción el adicto es un ser depravado en el plano moral que debe ser el responsable de la solución de su problema al ser responsable de éste. En la clasificación de enfermedades mentales más actual, DSM 5, se ha tenido el acierto de incluirla en el grupo de “Trastornos relacionados con sustancias y trastornos adictivos”. En esta nueva clasificación. La ludopatía se define como la presencia de un impulso urgente y psicológicamente incontrolable a jugar de forma persistente y progresiva que acaba afectando de forma negativa a la vida personal, familiar y vocacional de paciente. Ha sido un cambio importante pues hasta hace pocos meses se consideraba un trastorno en el control de los impulsos y no una adicción lo que tiene repercusiones en su tratamiento aunque no tanto en su sintomatología que recojemos a continuación:

  1. Preocupación por el juego (p. ej. Preocupación por revivir experiencias pasadas de juego, compensar ventajas entre competidores o planificar la próxima aventura, o pensar formas de conseguir dinero con el que jugar).
  2. Necesidad de jugar con cantidades crecientes de dinero para conseguir el grado de excitación deseado.
  3. Fracaso repetido de los esfuerzos para controlar, interrumpir o detener el juego.
  4. Inquietud o irritabilidad cuando intenta interrumpir o detener el juego.
  5. El juego se utiliza como estrategia para escapar de los problemas o para aliviar la disforia (p. ej., sentimientos de desesperanza, culpa, ansiedad, depresión).
  6. Después de perder dinero en el juego, se vuelve otro día para intentar recuperarlo (tratando de “cazar” las propias pérdidas).
  7. Se engaña a los miembros de la familia, terapeutas u otras personas para ocultar el grado de implicación con el juego.
  8. Se cometen actos ilegales, como falsificación, fraude, robo, o abuso de confianza, para financiar el juego.
  9. Se han arriesgado o perdido relaciones interpersonales significativas, trabajo y oportunidades educativas o profesionales debido al juego.
  10. Se confía en que los demás proporcionen dinero que alivie la desesperada situación financiera causada por el juego.

Para que el diagnóstico sea válido debe excluirse que el paciente se encuentre en un estado de euforia patológica.

El ludópata tiene en el plano biológico un déficit en la actividad de noradrenalina similar a las personas buscadoras de sensaciones y una alteración en los mecanismos de recompensa de modo que no alcanza nunca la saciedad. En el plano psicológico son sujetos con intensos sentimientos de impotencia que buscan a través del juego una cura de omnipotencia. Por eso son prisioneros de una dinámica pendular en la que oscila entre el dios que gana sin esfuerzo y el ser despreciable y avergonzado que pierde lo ganado. Tal movimiento pendular va acabando con la vida real del paciente (su fortuna, su familia, su trabajo, su soporte social) hasta que, si nada lo remedia, acaba conduciéndole a la cárcel o a la vida mendicante.

La ludopatía afecta a dos varones por cada mujer, es más frecuente entre los 18 y los 30 años de edad y suele concurrir con un bajo nivel de formación y un bajo nivel de ingresos económicos.

El tratamiento farmacológico ha descansado las dos últimas décadas sobre los inhibidores de la recaptación de serotonina (Fluoxetina, Sertralina, FLuvoxamina, Citalopram etc) pero de forma más reciente se ha incorporado al armamentario farmacológico el bupropion (actúa mejorando la saciedad y disminuyendo el craving o ansia por jugar), la naltrexona (antagonista opioide que disminuye el refuerzo placentero del juego) y el topiramato (inhibidor de los aminoácidos excitatorios que dsiminuye el apetito por el juego).

Siempre requiere una intervención psicoterápica que se centrará en la abstinencia total del juego y prevenir las posibles recaídas a través del aprendizaje paulatino de un control sobre su impulso a jugar. Sueñe ser muy importante modificar las cogniciones de impotencia para sacar al paciente de la dinámica circular descrita. Suelen ser efectivos los abordajes en grupo debido al refuerzo que ejercen los miembros mejorados sobre los que se encuentran todavía enfermos.

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