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La Navidad: una prueba de esfuerzo (emocional) para muchos

por Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

   En 1998 Thomas Vinterberg estrenaba la película “Celebración” (“Festen” en danés). En ella, una familia de la alta burguesía danesa se reúne para la celebración del 60º cumpleaños del padre, un adinerado hombre de negocios. Pese al esfuerzo de todos en mantener las apariencias, el alcohol hace que poco a poco se disuelvan las normas y vayan surgiendo roces y molestos relatos inesperados sobre abusos sexuales, suicidios silenciados, negligencias y desafectos en la familia. La cena, sobra decirlo, acaba como el rosario de la aurora.  Representa muy bien lo que ocurre en Navidad en algunas familias.

  En estas fechas nos esforzamos en reunirnos, mostrar y demostrar nuestro cariño así como exaltar los valores familiares. Es evidente que para muchas personas esto les enriquece y gratifica. La distancia, la falta de tiempo o las obligaciones hacen que muchos se vean menos de lo que quieren y así aprovechen la Navidad para disfrutar más de la familia.

  Otras personas optan por pasar la Navidad de una forma también gratificante, pero lo hacen con amigos, pareja, en solitario o ejerciendo labores altruistas de solidaridad. Simplemente eligen hacerlo así porque le satisface más y, sobre todo, se sienten libres para elegir.

  Sin embargo, otras muchas personas viven la Navidad como una tortura en cuatro tiempos. Viven atrincherados y defendiéndose de su familia todo el año, pero se obligan a firmar un armisticio en Navidad para atravesar cada uno de sus hitos (Noche Buena, Navidad, Año Nuevo y Reyes) con angustia, irritabilidad, tristeza y rechazo, como en la película de Vinterberg. Suelen ser personas que ven en sus familiares a enemigos durante todo el año pero que simulan formar parte de una familia “normal” en Navidad.

  La familia es el primer grupo social en que interactuamos, nos vinculamos afectivamente, y aprendemos a desempeñar un papel comunal que permite nuestra relación posterior con otros grupos más amplios y complejos (colegio, barrio, trabajo, etc.). De acuerdo con el Dr. Salvador Minuchin, brillante psiquiatra, psicoterapeuta y pediatra argentino de origen judío y creador de la terapia familiar estructural en 1979, la estructura de una familia es el conjunto invisible de demandas funcionales que organizan los modos en que interactúan sus miembros de una familia. De este modo, independientemente del tipo de familia (tradicional, monoparental, homosexual, poligámica o comunal), en general podemos clasificarlas en tres tipos estructurales que resumimos a continuación:

1.- Familia funcional

  • Facilita el desarrollo individual y el amor propio de los miembros.
  • Colaborativa, funcionamiento circular.
  • Responsabilidades compartidas.
  • Respeta las características generacionales de los miembros.
  • Intenso sentido de pertenencia.
  • Interacción constante y fluida.
  • Vínculos afectivos maduros y sólidos.
  • Recursos abundantes y una actitud constructiva para resolver los conflictos.
  • Límites jerárquicos claros, permeables y flexibles: liderazgo democrático.
  • Generan hijos sanos.

2.- Familia Estructural

  • Solo tiene la estructura de familia, pero no funciona como tal.
  • Estructura autoritaria y rígidamente jerarquizada (funcionamiento piramidal).
  • Funcionamiento narcisista (“somos los mejores porque nuestro padre/madre es el mejor”).
  • Viven de acuerdo a mitos familiares (“Un Montenegro jamás haría eso”).
  • Afecto imperativo (“A los padres hay que quererles porque son los padres”).
  • Niega la individualidad, cada miembro tiene un papel asignado frente al que no puede rebelarse (“tú eres el listo, tú el desastre, tú el responsable…”).
  • Rivalidades destructivas entre hermanos.
  • Fomento de la idealización del líder (padre o madre).
  • Límites muy rígidos e impermeables: liderazgo autoritario.  
  • Suelen tener un hijo que actúa como chivo expiatorio.
  • Generan hijos neuróticos que no pueden individualizarse plenamente (distímicos, obsesivos, dependientes, narcisistas, histriónicos, borderline etc.).

3.- Familia disfuncional

  • Fundada por dos miembros inmaduros y escaso amor propio.
  • No tolera el estrés, carece de mecanismos para afrontarlo.
  • Se actúa de forma impulsiva e incontinente.
  • Limites difusos, ausentes, es una amalgama de sujetos.
  • No hay reglas o son arbitrarias y cambiantes.
  • No hay educación ni afecto maduro hacia los hijos.
  • Generan hijos hipermaduros (responsables, hiperadaptados y parentalizados que actúan como padres vicariantes de sus padres) o hijos desorganizados y proclives a las toxicomanías, delincuencia y conductas antisociales.

  Vemos que el que la Navidad sea un tiempo gratificante o no depende en gran medida de la estructura y la patología de la familia a la que uno pertenezca. Las consultas de psiquiatras y psicólogos se llenan en estas fechas de pacientes deprimidos, insomnes, irritables o ansiosos por la sobredosis de contacto familiar propiciada por las fiestas. Para ellos, la Navidad es un tormento del que intentan huir durante once meses y medio hasta que les acaba aplastando de nuevo cada año. Comienzan a sentirse mal desde el 1 de diciembre las primeras luces en las calles y los primeros árboles en los grandes almacenes. Sin embargo, lo hacen de forma callada porque no se atreven a romper la tradición, porque siguen cautivos de un sometimiento soterrado a papá y/o a mamá, son presos de una familia estructural autoritaria o de una familia disfuncional.

  No es posible huir de uno mismo. Como dice el escritor japonés Haruki Murakami, da lo mismo lo que intentes alejarte porque nunca podrás separarte de tí. Que nos sintamos mal en estas fechas pone de manifiesto que estamos mal todo el año, aunque no queramos o no podamos verlo. No resolver este conflicto nos convierte en durmientes cautivos.

  Cada crisis es una oportunidad. ¿No será este el momento de reconocer nuestro problema y ponernos manos a la obra para resolverlo y obtener nuestra libertad?

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