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La negación en las enfermedades graves, un engaño que persigue el bienestar

por Dr. Sergio OlLa negación en las enfermedades graves, un engaño que persigue el bienestariveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

La “negación” es uno de los mecanismos de defensa inconscientes del yo más primitivos y suele ser el primero que se pone en marcha cuando una persona sospecha que padece un cáncer o cualquier otra enfermedad grave o terminal. “Eso no me puede pasar a mí, seguro que se trata de otra cosa y se me pasa rápido” es la frase mental de la persona que detecta un síntoma anómalo en su cuerpo (bulto en la mama, sangre en las heces, dolor en un punto óseo etc.). Con esta negación inconsciente del conflicto el paciente atenúa la tensión que le produce y toma una distancia emocional de él que le permite seguir desempeñando con normalidad su vida. Durante la etapa de negación la persona emplea todas sus fuerzas en alejar de su mente esa idea tan inquietante por lo que suele ocultar a sus familiares el hallazgo y procura evitar toda mención y atención a cualquier aspecto relacionado con la enfermedad.

La duración de esta primera etapa es variable pero los signos que muestran una evolución negativa de su padecimiento hacen que antes o después pase a la siguiente segunda etapa caracterizada por la ansiedad. El paciente comienza a estar inquieto, presenta taquicardias, temblor, dificultad para respirar, suspiros e insomnio. Comienza a pensar que quizá tenga la enfermedad que hasta ese momento había considerado como una ocurrencia disparatada y esto le genera un malestar emocional creciente. Esta fase suele ser más breve que la anterior pues la preocupación por el padecimiento de una enfermedad grave lleva al paciente a recabar rápidamente mucha información y eso le permite llegar pronto a la fatal conclusión: tiene cáncer.

Entra así en la tercera etapa que se caracteriza por la depresión. El paciente, ya convencido, comienza a presentar crisis de llanto, ve cómo su ánimo se viene abajo, le cuesta hacer las cosas lo que disminuye su rendimiento y se ve incapaz de disfrutar de actividades previamente placenteras. Su pensamiento se inunda de ideas pesimistas e impotencia e incluso puede sentirse culpable por haber dilatado tanto el proceso. En esta etapa el paciente suele comunicar la noticia a sus familiares y amigos y es el momento en el que solicita ayuda médica. En esta etapa final de su adaptación se establece el diagnóstico, se estima el pronóstico y se comienzan a aplicar todas las medidas terapéuticas. De forma coincidente los síntomas depresivos comienzan a desaparecer progresivamente. El paciente ha comenzado la etapa de la aceptación consciente del problema.

Recuerdo una paciente que vimos en el hospital derivada de dermatología. Había consultado por eccema en la región pectoral. La paciente se había presentado con un fuerte vendaje intensamente perfumado que cubría todo su pecho. Al descubrirlo el dermatólogo advirtió que el supuesto eccema era un cáncer bilateral de mama muy avanzado que había hecho desaparecer por completo ambas mamas y había producido infiltración extensa de la piel de la región pectoral. La paciente se había vendado y perfumado durante dos años para que los demás no detectaran el olor que despedía su extensa lesión pectoral. Le negación de la enfermedad era obvia pues, a pesar de las evidencias, había hecho que su contacto con la medicina fuera a través de la dermatología y no de la oncología. Posteriormente colaboramos con los oncólogos ayudando a la paciente en su camino hacia la aceptación de la enfermedad.

Traigo esta información hoy aquí porque un miembro de la página me pidió que discutiera la necesidad de decir la verdad al paciente oncológico terminal. Lo que debe guiar el tratamiento de un cáncer es la eficacia y el respeto al paciente. Pero ese respeto puede incluir valorar la forma en que se le comunica su padecimiento. Siempre debemos decirle la verdad de una forma en que el paciente pueda digerirla. Tenemos que tener en cuenta su estado emocional y su disposición a afrontar un estrés emocional importante. El paciente negador necesita pasar por las cuatro etapas mencionadas para poder aceptar la idea de padecer un cáncer. No podemos irrumpir en su proceso de forma violenta pues le estaríamos produciendo un daño añadido. A pesar de las diferencias es como si a un niño le decimos de golpe que los Reyes Magos no existen y que son sus padres los que compran sus regalos. Obviamente que tiene que acabarlo sabiendo pero sólo cuando sea oportuno, esto es, cuando esté preparado. Y esa preparación debe correr a cargo de profesionales que, una vez aceptada su situación, valoren su estado y capacidad y le ayuden a afrontar la experiencia de la muerte al ritmo más adecuado a él. Por tanto debemos concluir que el paciente terminal siempre tiene derecho a conocer la verdad pero es mejor dejar esta labor en manos de profesionales que le permitirán aterrizar en la realidad de una manera cómoda. Hay demasiada violencia en la experiencia de un cáncer como para que ejerzamos aún más violencia en el plano psicológico

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