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La personalidad: ¿cara oculta de la psiquiatría?

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por Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

El estudio de la personalidad apenas resulto atractivo para la psiquiatría hasta la década de los años 80. Antes era considerada una materia marginal que carecía de interés científico. Sin embargo, su papel modulador en los trastornos mentales e, incluso en muchas enfermedades médicas, ha sido progresivamente reconocido. La personalidad afecta a la totalidad de las áreas de funcionamiento del ser humano, es su columna vertebral. Un paciente con rasgos borderline o límite de personalidad muestra una impulsividad y una inestabilidad que pueden provocar su despido laboral y aislamiento. Un paciente diabético, hipertenso o epiléptico va a cumplir de forma estricta su tratamiento médico cuando tiene rasgos obsesivos de personalidad. Un paciente dependiente, por el contrario, va a evolucionar peor al no responsabilizarse del cumplimiento. Elnarcisismo en un paciente esquizofrénico va a empobrecer su pronóstico pues va generar negación de sus propios problemas y de la necesidad de ayuda. Un paciente fóbico con un cáncer incipiente aplazará el diagnóstico y convertirá en mortal una enfermedad que, en caso de haberse tratado a tiempo, podría haber sido curada.

No obstante, estos rasgos pueden ser graves y persistentes y alcanzar la categoría de trastorno de personalidad, diagnóstico presente en el 40-60% de los enfermos mentales y el más frecuente en la psiquiatría actual. Los factores que determinan nuestra forma de ser derivan esencialmente de nuestros genes, nuestra biografía, nuestra influencia cultural y la forma de interpretar las experiencias que tenemos. Sobrevalorar o minusvalorar cualquiera de estas dimensiones puede conducir a concepciones erróneas así como a dogmáticos y estériles reduccionismos.

Hoy basamos la clasificación de los trastornos de personalidad en los criterios de la DSM IV TR (Sociedad Americana de Psiquiatría) y de la CIE10 (Organización Mundial de la Salud) que, aunque muestran algunas diferencias entre sí, son muy similares. Podemos agrupar los trastornos de personalidad en tres grades grupos:

  • Grupo A: Incluye las personalidades “raras” o excéntricas (esquizotípica, esquizoide y paranoide).
  • Grupo B: Incluye las personalidades dramatizadoras, erráticas e hiperemocionales (antisocial, histriónica, límite y narcisista).
  • Grupo C: Incluye las personalidades ansiosas y temerosas (evitativa, dependiente y obsesivo-compulsiva).

De ellas, las personalidades del grupo A son las que tienen una mayor gravedad por mostrar una pobre respuesta a los tratamientos y las del grupo C son las que cuentan con menores repercusiones por implicar en general una mejor adaptación al medio que el resto. El grupo B es el que registra más cambios en los últimos años (especialmente en los trastornos antisociales, borderline y narcisista de personalidad). Por un lado, la prevalencia de estos trastornos en sociedades desarrolladas está creciendo, acaso por factores sociales y culturales y, por otro, la investigación ha alcanzado importantes logros respecto a las herramientas piscofarmacológicas y psicoterapéuticas que hemos ido incorporando.

La profundización en el conocimiento biológico de estas enfermedades permite hoy tratamientos que mejoran, entre otros, los aspectos emocionales, el control de los impulsos, las conductas violentas y la estabilidad del ánimo de estos pacientes, y reducen además los efectos secundarios.

La estabilización clínica y la mejoría del estado basal de estos pacientes ha incrementado también la eficiencia de las técnicas psicoterapéuticas lo que, en conjunto, ha mejorado notablemente la calidad de vida en estas enfermos, su integración social, su estabilidad laboral y social así como una restructuración estable y duradera de su personalidad.

Tener hoy un trastorno de personalidad ha dejado de suponer que el paciente vea rota su propia vida o la de sus seres queridos. Los avances recientes nos permiten ver ahora el problema con mayor optimismo. Podemos decir con tranquilidad que la personalidad ya no constituye ni va a constituir la cara oculta de la psiquiatría.

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