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La personalidad pasivo-agresiva, un grave desafío al equilibrio.

por Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

“Pedro fue conminado por su mujer a tratarse, de otra manera estaba determinada a pedir el divorcio. No soportaba ya que le retirara la palabra durante semanas por pequeñas afrentas, que no le contestara el teléfono, que no cumpliera con sus cometidos en casa porque siempre decía que se olvidaba de hacerlos, los aplazaba indefinidamente o nunca llegaba a completarlos. En la oficina reconocía que provocaba mal ambiente entre sus compañeros y la irritación frecuente de su jefe. De hecho, le había amenazado con el despido varias veces en el último mes. Estaba harto de todos ellos, pero reconocía que necesitaba conservar su trabajo y su matrimonio. Aunque no estaba muy convencido, eso le había hecho acceder al ultimátum de su mujer”.  

    La personalidad pasivo-agresiva (PPA) o negativista fue un concepto descrito por primera vez por el psiquiatra alemán Wilhelm Reich en 1949 momento en que se reconocía como la personalidad más prevalente. No obstante, el término “pasivo-agresivo” fue acuñado unos años antes en la II Guerra Mundial por el ejército americano para describir el problema que generaba un cierto tipo de soldados inmaduros que no toleraban el estrés militar.  

    Fue introducido como trastorno de personalidad por la DSM I en 1952. Sin embargo, desde la DSM IV dejó de ser considerado un trastorno de personalidad específico pasándose a considerar un cuadro que tan sólo puede acompañar a otros trastornos mentales, especialmente de las áreas obsesiva, borderline, depresiva, fóbica y dependiente.  

fobia social

    Es una de las personalidades más difíciles de identificar debido al “disimulo” con que se presenta. De hecho, es más sencillo identificar la reacción que provoca en uno mismo que lo que en realidad muestra. Son como los espías, nunca son evidentes, aunque sus efectos se sientan. Son mucho menos visibles que las personalidades narcisistas, paranoides o histriónicas pues una de sus características es su necesidad de ocultarse como vamos a ver.

    Se trata de una personalidad frecuente y afecta algo más a las mujeres que a los hombres. No disponemos de cifras de prevalencia en nuestro país pero con seguridad cuando termine de leer este artículo será capaz de reconocer en su pasado o su presente sujetos con PPA en su entorno laboral, social, familiar o de pareja.

 

Síntomas y subtipos de personalidad pasivo agresiva.

 

     Los sujetos con PPA son inseguros y ambivalentes frente al otro, dudan entre su necesidad de depender del otro y su deseo de autoafirmarse frente a él por lo que muestran resentimiento hacia la autoridad y el control externo. Cumplir la más mínima norma supone una verdadera humillación para ellos pues advierten en ella un deseo personal de sometimiento autoritario. Por eso sienten enfado continuamente, aunque no se atrevan a expresarlo. Se sienten incomprendidos y tratados con desconsideración por los demás, en especial frente a otros compañeros que consideran beneficiados. Pero nunca expresan su desagrado y agresividad verbalmente sino con actos que pueden llegar a ser extremadamente sutiles, con sabotajes casi indetectables. Bajo una máscara de sumisión y acuerdo expresarán de forma soterrada su violencia de modo que lo que dicen tiene poco que ver con lo que hacen. Una persona con PPA nunca se opondrá abiertamente a nada, pero hará todo lo posible para provocar su fracaso mostrando amargura, irritabilidad y hostilidad, aplazando el cumplimiento de las tareas o siendo ineficaz en éste, “haciéndose el sueco”, cometiendo errores de forma obstinada e intencionada, culpando a otros del fracaso, mostrando cinismo o pesimismo constantemente y quejándose de ser subestimado o engañado por los demás. Desaniman a quien le rodea. Es muy peligroso tener a una persona con PPA en un equipo de trabajo porque genera mal ambiente, mala comunicación, conflictos permanentes y una progresiva desmoralización.

   Si la persona que convive o trabaja con el paciente no es capaz de contenerse es frecuente que en una de las numerosas crisis que provocan se desencadenen rupturas, divorcios o despidos.  

   

    Cuando uno está frente a una persona con PPA no cabe la indiferencia. Provocan el rechazo pero su miedo al abandono les hace retroceder, reparar el daño y dar otra vuelta de tuerca con el sometimiento.

 

      Theodore Millon, destacado psicólogo estadounidense de orientación psicoanalítica que dedicó su prolífica vida profesional al estudio de la personalidad, proponía cuatro subtipos de PPA:

 

  1. Tortuoso.

   Son próximos a los sujetos pasivo-dependientes, pero en ellos son características las conductas “retorcidas” que sabotean cualquier intento de exigirles un rendimiento.  Son proclives a la procrastinación y la obstinación, son lentos e ineficaces. El silencio y los olvidos son sus armas favoritas. Busca la dependencia, pero aprecia su autonomía. Es frecuente que finjan enfermedades y pidan bajas en momentos de altas exigencias.

  1. Abrasivo.

   Estos sujetos están atrapados, inmovilizados, en el conflicto de hacer lo que quieren o ser leal a los demás. Su experiencia previa es decepcionante (es frecuente la negligencia y el maltrato en la infancia con indefensión aprendida en ellos) y confirma la crueldad perversa del hombre. Siempre buscan incoherencias en el otro para saltar y atacarle sádicamente arrogándose una superioridad moral. 

  1. Descontento.

   Son depresivos, no paran de quejarse de pequeñas imperfecciones y antiguas ofensas, muestran exasperación por los problemas señalando la ineficacia de los superiores, culpan al otro en lugar de asumir responsabilidades en los errores propios, logrando minar de forma implacable el rendimiento del enemigo. 

  1. Dubitativo.

   Este perfil es una combinación de la PPA y la personalidad borderline y cuenta con una importante fluctuación e inestabilidad de las emociones y las actitudes. Pueden oscilar entre a posición agradable y afectuosa y la irritable y oposicionista o entre una posición de confianza y una posición de dependencia infantil. Es el menos pasivo de los subtipos de PPA.  

 

   Cuando uno está frente a una persona con PPA no cabe la indiferencia. Suelen provocar desconcierto, irritación, agresividad y rechazo. Pero cuando se va a producir la ruptura, su miedo al abandono les hacer dar un paso atrás, reparan el daño y vuelven a dar otra vuelta de tuerca empezando de nuevo con el sometimiento. 

   No podemos explicar el origen de una PPA en términos de crianzas patológicas de forma exclusiva pues en la mayoría de los casos se trata de desarrollos neuróticos de la personalidad. Tales desarrollos estarían condicionados por factores internos al sujeto que luego obtienen un refuerzo por factores externos cerrando un círculo vicioso.

   Con respecto al perfil del niño es más frecuente que ocurra en primogénitos que hayan sido inquietos y nerviosos y que hayan planteado problemas en el aprendizaje generando en los padres y profesores un vínculo inseguro, ambivalente y caprichoso entre el rechazo y el afecto. También es frecuente la procedencia de familias disfuncionales en las que los niños han sido utilizados como armas o mediadores entre los cónyuges sin permitirles tener una identidad propia.

 

Abordaje terapéutico y manejo del paciente pasivo agresivo.

 

   El tratamiento es esencialmente la psicoterapia cognitivo conductual haciéndole consciente de sus cogniciones erróneas, promoviendo una reestructuración cognitiva para que no vea humillación y sometimiento donde hay solo norma y jerarquía, entrenar la asertividad y promover una expresión más libre de los sentimientos.

  Cuando estemos frente a un sujeto con PPA es importante que nos podamos sobreponer al rechazo que suelen provocar y no tomarlo como algo personal. La máxima budista “si una persona te ataca sin haberle provocado no le respondas porque se está peleando consigo mismo” adquiere un especial significado en ellos. Debemos tomar distancia, compadecernos y ayudarle a ver, pasado el fragor del enfrentamiento, la naturaleza de su conducta. Con esto, podremos buscar soluciones en el contexto de la relación o, en su defecto, ayudarle a reconocer la necesidad de una ayuda profesional como hizo la mujer de nuestro paciente Pedro, no sin cierta violencia.  

 

 

 

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