La personalidad sensitiva y los otros
cinco subtipos de personalidad paranoide

La personalidad sensitiva y los otros
cinco subtipos de personalidad paranoide

Por Dr. Sergio Oliveros Calvo
Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

Como ocurre con otros trastornos de personalidad, la personalidad paranoide que describimos en el post anterior no siempre se presenta con todos los síntomas que enumeramos. Los criterios de diagnóstico son estadísticos y por tanto representan a la mayoría de los pacientes del grupo.

Pero dentro de la personalidad paranoide hay 6 subtipos con características propias que observamos en la clínica. Los analizamos a continuación.

Personalidad Sensitiva

 

De todos los subtipos paranoides, es el más importante. Es la entidad más cercana a la psicosis paranoide, de hecho, se conoce también como paranoia benigna, paranoia relacional o paranoia abortiva. Fue descrita por el psiquiatra alemán Ernst Kretschmer en 1918 (El delirio sensitivo de referencia) quien ya le otorgaba un papel preponderante a los factores psicológicos.

En ella, la personalidad es el núcleo del trastorno y el delirio, casi siempre ausente en la personalidad paranoide, aparece transitoriamente como reacción a una situación de estrés emocional. La vida del sujeto no se ve gravemente alterada por el delirio pues éste no invade al sujeto en su totalidad como ocurre en la paranoia. Cuando salen de aquel, muestran crítica hacia los contenidos delirantes (“veo que todo fue producto de mi imaginación”).

Se trata de pacientes con importantes desaferencias afectivas en la infancia, crecidos sin una tutela estrecha, que se han visto obligados a descifrar el mundo por sí mismos desde sus años más tiernos, sin que nadie les haya dado las claves para hacerlo.

Como ocurre en los niños, los pacientes con personalidad sensitiva interpretan todo lo que ocurre alrededor como referido a ellos y con una intensa carga de culpabilidad. Su estado de hipervigilancia les hace muy sensibles y captan detalles que a los demás nos pasan inadvertidos que ven relacionados con ellos.

Se trata de pacientes con importantes desaferencias afectivas en la infancia, crecidos sin una tutela estrecha, que se han visto obligados a descifrar el mundo por sí mismos desde sus años más tiernos, sin que nadie les haya dado las claves para hacerlo. Observan la realidad desde una barrera que creen infranqueable, siempre desde fuera.

 

Suelen ser sujetos pacíficos, pesimistas, tercos, introvertidos, tristes y solitarios pues nunca se han sentido con derecho ni herramientas para formar parte del mundo. Tienden a la autocrítica y suelen presentar sentimientos de inferioridad. Cualquier comentario que se produzca a su alrededor, especialmente de superiores jerárquicos, lo perciben como una alusión peyorativa y crítica hacia ellos. Además, la considerarán humillante y posiblemente merecida pero jamás expresarán su ira hasta que explota en el delirio.

 

El trastorno paranoide de personalidad

 

El paranoide fanático

 

Ésta, junto a las 5 siguientes categorías, han sido sugeridas por el brillantísimo psicólogo americano Theodore Millon, ejemplo de una inteligente visión integradora de la personalidad.

Con frecuencia han tenido una crianza sobreprotectora que ha alimentado una percepción idealizada de sí mismos. Presenta algunos comunes con la personalidad narcisista (son arrogantes, pretenciosos y expansivos) añadidos a sus rasgos paranoides, pero a diferencia del éxito que acompaña al narcisista, el fanático choca con la realidad y fracasa. Su resentimiento por la herida sufrida hace que busquen el éxito a través de afirmaciones extravagantes y complejas fantasías en las que son víctimas de conspiraciones intangibles y poderes ocultos. Es muy frecuente en líderes políticos populistas, dictadores y cabezas de sectas. Adolf Hitler cumplía perfectamente con este perfil.

El paranoide maligno

 

Este subtipo comparte rasgos con la personalidad sádica además de contar con un núcleo paranoide. Tienen el convencimiento de que, como los demás persiguen agredirles y someterles, deben conquistar a toda costa el poder para dominar antes de llegar a ser dominados. Su lenguaje siempre es amenazador y persiguen con beligerancia la venganza sobre daños del pasado.

Buscan su plena autonomía de lo que consideran malévolas influencias externas, lo que unido a que despiertan siempre una intensa antipatía, refuerza su antagonismo con el grupo. El resultado es la soledad y el absoluto aislamiento

Este subtipo es el que mantiene una más encarnizada e inagotable lucha con el entorno por su lucha de poder permanente. En las películas y los cuentos ocupan papeles centrales (el “malo ambicioso”). No es raro encontrar alguno entre los líderes políticos. El prototipo es Iósif Stalin y su acólito Lavrenti Beria, quien vio cumplidos sus temores y fue ejecutado por Nikita Kruschev, entre otros (eso sí, después de masacrar a muchos millones de rusos “preventivamente”).   

El paranoide obstinado

 

En este caso aparecen rasgos de personalidad obsesiva (rigidez, perfeccionismo, inflexibilidad, necesidad de control, etc.) pero con una mucho mayor inestabilidad y desconexión con la realidad. Cuando alcanzan un puesto de poder pueden alcanzar niveles insoportables de toxicidad imponiendo objetivos inalcanzables y normas imposibles de cumplir.

El paciente desafía cualquier limitación externa y expresión de poder para recuperar su control y reparar antiguas injusticias. Desprecia a todos por considerarlos débiles, indisciplinados e hipócritas. Son extremadamente “pegajosos”, inasequibles a la derrota, nunca se desprenden de aquello contra lo que luchan. Son protagonistas de contenciosos administrativos de decenios porque jamás renuncian a su victoria. No hay nada peor que litigar con un paranoide obstinado o estar enfrentado a él por problemas de vecindad. Nunca se rinden. A la vez están dominados por sentimientos de culpa por sus ataques y por un temor persecutorio a la venganza de los otros.

El paranoide querulante

 

En este subtipo, los rasgos paranoides se combinan con la personalidad negativista (descontento, pesimista, terco, inseguro y vengativo). No persigue el poder y centra sus esfuerzos en reparar de forma machacona los daños que cree haber sufrido.

Su conducta es hosca, quisquillosa, resentida celosa, discutidora, obstruccionista y acusadora. Siempre están en algún litigio para reparar lo que consideran un trato injusto. Presumen de autonomía y renuncian a sus relaciones sociales, pero se resienten de su aislamiento y presentan síntomas depresivos que disimulan. Es muy ambivalente en el manejo de los afectos y buscan el cariño al tiempo que lo rechazan.  

El paranoide aislado

 

Es un subtipo paranoide que combina rasgos de personalidad evitativa o fóbica. En lugar de buscar el encuentro con los elementos persecutorios, se aíslan para evitar la confrontación y no provocar la venganza. Son malhumorados, aprensivos e hipersensibles a la crítica. Les aterroriza llegar a ser humillados por sus enemigos. 

Su mundo interno acaba convirtiéndose en una amalgama de ideas inconexas y distorsionadas, un estado prepsicótico que puede dar lugar a un delirio fácilmente.