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La soledad, una situación casi nunca deseada

resting-235665_1920por Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

En unas fechas familiares como estas conviene no olvidar a aquellos que se encuentran presos de una situación que pueden no haber elegido, la soledad.

Se estima que un 40% de la población de países industrializados percibe con desagrado la soledad en algún momento de su vida. De forma añadida, la crisis económica ha provocado un notable aumento en la población que percibe desamparo por parte de la sociedad y las instituciones. Una paciente me dijo que cuando salió de su pueblo en su juventud todo lo que tenía eran cinco dedos en la mano izquierda y otros cinco en la derecha. Lo mismo ocurre a miles de personas a quienes la crisis se lo ha arrebatado todo. En una ciudad como Madrid se producen 5 suicidios al día. Es indudable que cada vez más personas sienten que no pueden contar con nada ni con nadie para salir adelante. Se sienten solos. Un estudio de la BBC confirmó que el 75% de los ingleses había atravesado alguna crisis personal en su vida y casi un 40% pensaba que volverían a sufrir otra en no más de 5 años. Soledad y desamparo. Dos hechos dolorosos que se potencian de forma recíproca y destructiva.

La mayor parte de las personas que se sienten solas es porque han sufrido una o varias pérdidas en sus vidas (pareja, salud, trabajo, soporte social etc.). Aunque tales pérdidas formen parte normal de la vida con frecuencia su suma tiene un poder de estrés mucho mayor y su repercusión sobre la salud psicológica de la persona puede ser devastadora. Un factor que agrava este efecto es la edad en la medida que la persona de edad avanzada ve disminuida su capacidad para adaptarse y reaccionar. Este hecho alcanza su máximo en la senectud.

Dentro de la población psiquiátrica, la soledad es vivida por una proporción mucho mayor de personas. Se estima que la enfermedad mental multiplica por 4 la posibilidad de mendicidad (6% en población salan frente a 25% en población psiquiátrica). El divorcio y la pérdida de lazos familiares son frecuentes en enfermos depresivos, alcohólicos, bipolares y esquizofrénicos. Cuando vemos una persona sin techo es frecuente advertir en ellos conductas que denotan un problema mental. La enfermedad mental resta capacidad para afrontar problemas de la vida cotidiana como el autocuidado o el mantenimiento de una casa, disminuye la probabilidad de establecer y mantener relaciones estables de pareja. Un estudio realizado por la Universidad de California estimó que un 15% de pacientes recién diagnosticados de una enfermedad mental grave estarían en situación de desamparo social (sin techo) en el plazo de un año. De forma añadida esta población es más proclive a las enfermedades físicas por la falta de higiene, la ausencia de soporte y seguimiento médico, el consumo de tóxicos, la mala alimentación y la promiscuidad sexual lo que se traduce en enfermedades cardiacas, respiratorias, cutáneas e infecciosas (especialmente tuberculosis y SIDA).

Pero muchas otras enfermedades psiquiátricas menos graves inducen a la soledad como ocurre en la fobia social, la depresión, el trastorno obsesivo o los trastornos de personalidad. En estas situaciones puede no haber una soledad objetiva pues pueden tener, pareja, familia, trabajo y amigos pero es frecuente que se sientan solos en medio de una multitud lo que resulta también devastador.  Son personas que no se atreven a existir en el mundo, que no expresan ni persiguen realizar sus deseos por lo que, como dice la canción del genial Joaquín Sabina, pueden sentirse “más solos que un torero al otro lado del telón de acero”.

Vemos que la enfermedad mental supone tanto una causa frecuente como una importante consecuencia de la soledad. Muchos pacientes mentales por tanto no viven una soledad elegida, su enfermedad les sitúa sobre unos raíles que les conducen inexorablemente al aislamiento y el desamparo situándoles en una posición de riesgo social y médico aumentado. Su tratamiento a tiempo, por tanto, puede revertir lo que de otra manera es una consecuencia inevitable. En estos días navideños y el resto del año no se planteen lo que el otro tiene que hacer, pregúntenle en su lugar qué es lo que quiere hacer y qué necesita. Así sabrá que no está solo.  

 

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