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Las claves para entender y afrontar a una relación tóxica.

por Irene Ramírez Pérez, Psicóloga y Neuropsicóloga (Grupo Doctor Oliveros)

 

     Somos diversos y en nuestra diversidad hay personalidades más aptas para el riesgo, otras para el control, otras para el manejo social y así sucesivamente. Probablemente la evolución ha mantenido las proporciones en las medidas que favorecen al grupo social. Pero nuestras formas de ser tienen “efectos secundarios” o no deseados, en nuestro caso aquellos que nos dificultan el trato con los demás o dañan a las personas de nuestro entorno sin producir el más mínimo beneficio a la comunidad: son lo que denominamos comunmente las “personas tóxicas”  aunque deberíamos de hablar de personas con las que establecemos relaciones tóxicas dado que tales personas no son tóxicas per se.  ¿Acaso podemos afirmar que no hemos sido tóxicos para alguien en algún momento de nuestra vida?

 

¿Qué es una “relación tóxica”?

  Consideramos como tóxica aquellas relaciones que nos causan malestar y nos acaban desgastando hasta crearnos un estado de agotamiento mental y físico.

  Nuestra sociedad tiende a la etiquetación, de ahí que se califique a estas personas de este único modo cuando en esa toxicidad subyacen múltiples causas. Hay muchos tipos de personas dañinas y muchas formas de llevar a cabo esa lesividad, que podríamos englobar dentro de unos tipos de personalidad que hemos ido analizando en este blog en su vertiente clínica y terapéutica. Pero hoy queremos centrar nuestra atención en aquellos que conviven con ellos, en los que trabajan con ellos, en los que les quieren o en los que tienen un vínculo familiar. Una cara de la enfermedad mental de la que nos ocupamos con escasa frecuencia y que merece tanta compasión como el paciente mismo.

     La persona tóxica tendrá una proporción u otra de estas personalidades:

  El denominador común de la persona tóxica es el efecto de agotamiento que provoca en los demás. Son personas que tienden a repartir su negatividad por doquier sin importarles las consecuencias de sus actos, arrastrando a los demás hacia los problemas que padecen.

   Desde la infancia recibimos una educación y una cultura que nos van forjando como individuos. Nuestros comportamientos reflejan nuestras fortalezas, pero también nuestras carencias. Cuando una persona no tolera bien las frustraciones y tiene una autoestima baja, tiende a centrar su felicidad en factores externos. Poner el foco fuera de sí misma le permite superar mejor sus problemas. Una falta de comunicación en la infancia, familias desestructuradas, situaciones de violencia, etc. son situaciones que pueden conducir a ejercer el control sobre la vida de los demás. Es un mecanismo universal de toxicidad.  

relaciones tóxicas de pareja

 

   La mayoría de las personas tóxicas suelen presentar unos rasgos similares que nos permiten diferenciarlas:

  • Son personas poco empáticas, que buscan su beneficio, sin tener en cuenta los sentimientos de los demás.
  • Tienden a ser manipuladoras y conflictivas.
  • No les importa cómo influyen negativamente sus palabras y actos en los demás.
  • Suelen culpar a los demás de sus fracasos y malas experiencias.
  • Se sienten cómodos en el rol de víctima.
  • Sobrecargan emocionalmente a las personas sin tener en cuenta las consecuencias, a través de críticas, de miedo, negatividad y culpa.
  • No olvidan las afrentas, almacenan reproches o devalúan sentimientos o conductas de los demás.
  • En vez de intentar crecer y mejorar tienen a arrastrar a los demás a los problemas que padecen. Tienden a culpar a los demás si no sienten su apoyo.

 

   En nuestro día a día nos solemos cruzar con personas que tienen esta conducta. Muchas veces son gente demasiado cercana, familia, trabajo, tanto que no podemos desvincularnos fácilmente. Cuando tenemos que convivir con este tipo de personas, recomendamos actuar con seguridad y convicción, hacernos respetar y marcar límites. Evitar, sobre todo, entrar en cualquier tipo de conflicto dado que sólo conduciría a una escalada sin fin.  

  

    Cuando afrontemos la relación con una persona tóxica, ésta no va a preguntar si tenemos un día bueno o malo, por lo que la identificación de nuestras emociones nos va a ayudar a encarar la situación de una manera más realista.

 

   Los contactos continuados con estas personas o con los estímulos relacionados con ellas nos producen emociones negativas o estresantes que repercuten en nuestros procesos atencionales y de memoria. Las hormonas del estrés influyen en la corteza prefrontal, una región del cerebro que controla funciones ejecutivas como la toma de decisiones y la memoria de trabajo. Estas afectaciones pueden deteriorar habilidades relacionadas con la flexibilidad mental, la atención o la concentración.

  Por tanto, un contacto continuo con este tipo de personas nos puede generar inestabilidad, falta de concentración e inquietud.

 

¿Cómo defendernos y evitar que nos afecte?

 

  En primer lugar, es importante identificar de qué estado emocional partimos, para que cuando tengamos que afrontar una situación conflictiva podamos sobrevivir. Cuando afrontemos la relación con una persona tóxica, ésta no va a preguntar si tenemos un día bueno o malo, por lo que la identificación de nuestras emociones nos va a ayudar a encarar la situación de manera más realista.

   En segunda instancia, la idea o imagen que tenemos de nosotros mismos tiene que ser fuerte y estable. Esta idea de nosotros, o autoconcepto, es dinámica y varía en función de las experiencias que tenemos a lo largo del tiempo. Una persona que tenga comportamientos destructivos puede acabar potenciando nuestras debilidades. El estrés, el agobio y el agotamiento terminarán por minar nuestro estado anímico y es cuando veremos que esa compañía no nos está beneficiando. Por ello, el tener un autoconcepto fuerte hace que sea más difícil que nos desestabilicen ciertas actitudes que generan las personas tóxicas. La capacidad que tengamos de afrontar los problemas también será un factor relevante a la hora de enfrentarnos a este tipo de situaciones y a los problemas que éstas generan. 

   Una gran herramienta para hacernos respetar y para que el comportamiento de la persona tóxica no vaya en aumento es ser asertivo, saber defender nuestra postura y nuestros derechos, si bien eso no nos garantiza que la persona tóxica nos escuche o cambie. Normalmente los comportamientos negativos que realizan se mantienen en el tiempo porque obtienen algún tipo de beneficio con ellos, pero si cortamos ese beneficio, el comportamiento disminuye e incluso cesa. Mantener la calma en todas las situaciones es de suma importancia, porque el alterarnos o generar conflicto con estas personas solo hará que caigamos en su trampa.

   Debemos tratar de rodearnos de un entorno en el que nos sintamos cómodos y, para ello, es fundamental saber escoger a las personas que queremos que formen parte de él. Como hemos visto no siempre vamos a poder elegir, por lo que el ser conscientes de nosotros mismos, de nuestras fortalezas, de que existen actitudes que pueden ser dañinas, nos va a facilitar el camino. Así que el valorarnos, querernos y respetarnos hará que nuestra confianza, autoestima y autoconcepto aumenten y que sepamos conformar los límites infranqueables que nosotros decidimos.

 

 

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