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Las “manías” infantiles, de lo normal a lo patológico (I): Introducción y causas.

Thinking sad child, scratching back of his head, grey background

por el Equipo de Psiquiatría y Psicoterapia Infantil, Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

Empezamos hoy a tratar temas de psiquiatría infantil con una serie de dos posts que dedicaremos a trastorno obsesivo compulsivo (TOC) infantil.

Un gran número de niños sin problemas de salud mental presentan “manías” a lo largo de su infancia: no pisar las rayas del suelo, contar las cosas un cierto número de veces, colocar su mesa de una determinada manera, tener un color o un bolígrafo que trae suerte para los exámenes, etc.  La cuestión es que, en estos casos, las manías tienen un matiz placentero, se realizan como un juego que no genera malestar cuando se les dice: “deja de hacer esas tonterías” y esto no hace que el niño se quede avergonzado y con la tensión de retrasar el tener que hacer un acto que considera ilógico en muchos casos, pero que no puede dejar de hacer.

Sin embargo, en ocasiones, estas “manías” se convierten en autoimposiciones: pensamientos o imágenes que se introducen en la mente sin que se pueda evitar (“obsesiones”), generando un malestar tan intenso que impulsa a hacer algo, bien mental o bien motor (“compulsiones”), que permita aliviar ese malestar. Pero el alivio dura poco, y al cabo de no mucho se vuelve a percibir la misma sensación, el mismo pensamiento, la misma imagen, que apremia para que se realice el “ritual” para prevenir que el temor que se ha tenido (temor de hacer o de ocurra algo malo etc.) se haga realidad o para, sencillamente, recuperar la calma. Y la necesidad de repetirlo les lleva mucho tiempo, les quita tiempo para hacer sus actividades cotidianas con normalidad, y por tanto, en la mayoría de los casos, les lleva a sentirse “esclavos de sus propias manías”, que en un momento dado ellos mismos consideran que son absurdas y por tanto se avergüenzan de tenerlas y tratan de ocultarlas. Otras veces, cuando se inician en edades muy precoces, las consideran como parte de si mismos, casi normales, y pueden no generar este gran malestar. A veces incluso, la familia del niño colabora, voluntaria o forzadamente a la realización de las mismas, porque realmente si no lo hacen, el niño se siente realmente angustiado….y todos terminan involucrados y sometidos a esas “manías”.

¿Dónde una manía deja de ser normal y empieza a ser patológica? La frecuencia de su aparición, el tiempo que consume realizarlas, la interferencia con la realización del día a día y el malestar que genera la interrupción o imposibilitación de las mismas, nos alertan sobre esa “raya” que separa lo normal de lo patológico.  No importa la edad, porque pueden aparecer en niños en edad preescolar, ni el sexo, aunque durante la infancia es más frecuente en varones y en la adolescencia en mujeres, ni el nivel socioeconómico, porque afecta a todos ellos, aunque en casos más precoces se haya observado una mayor prevalencia en nivel socioeconómico bajo. Muchos adultos que han tenido manías alguna vez en la vida tienden a minimizar esos síntomas, a restarles importancia y a considerar que “ya se le pasará cuando crezca”. Pero a veces no pasan, sólo se cambian por otras y siguen generando sufrimiento en el niño o el adolescente que las padece; de hecho, la persistencia en el tiempo de los síntomas es muy alta. Por ello, cuando sólo este es “su problema”, a menudo se retrasa mucho la consulta con un especialista, incluso años, hasta que es el propio niño/adolescente quien pide esa ayuda o cuando ya los rituales han implicado a toda la familia y dejan de verse como simples “manías” transitorias. 

El Trastorno Obsesivo Compulsivo afecta alrededor de un 1% de niños y adolescentes que están en tratamiento en salud mental. En España el TOC clínico, es decir, que cumple criterios de tipo de síntomas,  gravedad y persistencia de los mismos, afecta al 1,8% de la población pero el TOC subclínico puede afectar a 5 niños de cada 100 (edad media de 11,2 años), según datos del estudio realizado en 2012 en España por Canals y cols. Si consideramos síntomas, entre 4 y 7 de cada 100 niños y adolescentes de la población general tienen síntomas de TOC, aunque no haya sido diagnosticado. En un alto porcentaje de pacientes, este problema no viene solo, si no que se asocia a otros trastornos, que a veces son los que inducen la consulta especializada: en un importante estudio epidemiológico de Heyman y cols. en 2001 el 36% de los niños con TOC habían consultado por otro trastorno psicológico.  En el estudio español de Canals y cols (2012), el 85% de los niños con TOC que se habían detectado en los 2.023 niños que se estudiaron de las escuelas de Primaria, presentaban comorbilidad con otros trastornos: Ansiedad (40%), Depresión (35%), Fobia social (30%), TDAH (30%).

¿Por qué se produce el TOC? ¿Hemos hecho algo mal, hemos sido demasiado exigentes, hemos sido demasiado permisivos? ¿Hemos tardado demasiado en consultar? Son preguntas que muchos padres se hacen. Y ya sabemos algunas respuestas que numerosos estudios científicos nos han ido aportando a lo largo de los años.

El TOC es un trastorno neurobiológico con una afectación genética que produce anomalías neuroanatómicas y neuroquímicas que van a originar los síntomas y unas alteraciones neuropsicológicas (disfunción cognitiva) que configuran la enfermedad.  Otros factores (prenatales, enfermedades del neurodesarrollo, enfermedades inflamatorias) se consideran relacionadas con la aparición del TOC. El estrés ambiental contribuye no como causa sino modificando el curso y a la exacerbación de los síntomas.

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