Uso racional de psicofármacos
en la población infantil

Uso racional de psicofármacos
en la población infantil

Por Dra. Isabel González Villalobos
Psiquiatra Infantil Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

En los últimos años ha habido un incremento en la prescripción de psicofármacos en niños y adolescentes; ¿Cuál es el motivo? ¿Son perjudiciales los psicofármacos? ¿Está siempre justificado el uso de fármacos en la infancia? ¿Ir al psiquiatra implica tomar medicación?

Hay estudios que reflejan que en el 85% de los casos de trastornos del sueño en la infancia se prescriben psicofármacos como primera opción.

La psiquiatría infanto juvenil se ha encontrado a lo largo de su evolución con grandes dificultades en la definición y diagnóstico de los trastornos mentales, ya que las manifestaciones clínicas de la patología mental en los menores de edad son complejas y diversas. Asimismo, hay motivos éticos y legales que dificultan la investigación farmacológica en niños y adolescentes, lo que implica una especial complejidad a la hora de abordar el tema de la psicofarmacología en población infantil. A pesar de ello, en los últimos años se están realizando importantes avances científicos en este ámbito.  

El tratamiento psicofarmacológico en edad pediátrica está encaminado a conseguir resultados terapéuticos que mejoren la calidad de vida del niño, optimizando un desarrollo integral adecuado y minimizando los potenciales riesgos. Para ello debe tenerse en cuenta la evaluación riesgo/beneficio del tratamiento psicofarmacológico, considerando la patología mental y somática de cada individuo.

Los niños no son adultos en miniatura; existen diferencias neurobioquímicas que son determinadas por las fases del desarrollo de cada persona, lo que implica una respuesta diferente al fármaco en función de la edad, así como un perfil específico de efectos secundarios.

 

En primer lugar, es fundamental realizar un estudio diagnóstico profundo de cada caso en particular, mediante la entrevista clínica tanto al propio niño como a los padres y/o familiares, así como la realización de exámenes complementarios si fuera preciso. Una vez realizado el diagnóstico, es el momento de plantear la actitud terapéutica a tomar: Psicoterapia de manera única o un enfoque combinado psicoterapéutico y farmacológico.  Realizando una intervención adecuada se logrará en muchos casos la remisión de la patología y se evitará en gran medida el desarrollo de la enfermedad mental en la edad adulta.

Suicidio adolescente

Los niños no son adultos en miniatura; existen diferencias neurobioquímicas que son determinadas por las fases del desarrollo de cada persona, lo que implica una respuesta diferente al fármaco en función de la edad, así como un perfil específico de efectos secundarios.

En algunas ocasiones es innecesario (e incluso perjudicial) pautar una medicación, sino que estará indicada la realización de una intervención psicoterapéutica encaminada abordar la patología específica.

Por ejemplo, en el caso de un niño que presente elevada ansiedad a la hora de ir al colegio: inicialmente estaría indicado esclarecer las causas de dicha ansiedad (estar lejos de los padres, existencia de algún conflicto en el entorno escolar…) y, de manera progresiva, ir abordando cada uno de los conflictos e ir aprendiendo a controlar los síntomas de ansiedad mediante respiraciones, distracciones, mindfullness u otras técnicas de relajación. Sólo en caso de que la ansiedad sea muy intensa o no se observe mejoría con este primer planteamiento, plantearíamos añadir a lo anterior un fármaco que ayude a paliar la sintomatología ansiosa, siempre buscando una dosis mínima eficaz y durante el menor tiempo posible, insistiendo en el abordaje de las causas de este malestar.

Sin embargo, existen otros casos (como por ejemplo la depresión mayor o la psicosis) en los que el uso de psicofármacos son necesarios para la recuperación de una enfermedad, y existen riesgos importantes si se decide no tomar el tratamiento o abandonarlo de manera precoz. En estas situaciones es fundamental establecer una dosis adecuada comenzando con dosis bajas, lo que minimiza la probabilidad de aparición de efectos adversos y permite alcanzar una dosis mínima eficaz. Una vez iniciado el tratamiento, debe ser controlado por un especialista tanto a corto como a largo plazo, realizando revisiones periódicas para evaluar la eficacia de dicho fármaco y plantear la reducción progresiva de dosis si es posible.

Podemos concluir que el uso de psicofármacos en niños y adolescentes no es la solución a todos los problemas mentales de la infancia, pero sí supone un gran avance en el abordaje de algunas patologías; en esos casos deben utilizarse con prudencia, como complemento a la psicoterapia y a otras intervenciones psicopedagógicas y familiares, siempre buscando la menor dosis eficaz, planteando una duración lo más breve posible del tratamiento y evaluando de manera periódica la eficacia del mismo y los posibles efectos adversos.



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