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Los celos, un arma de destrucción masiva en la pareja

Junger Mann ist eifersüchtigpor Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

Hace dos meses un diario británico recogía la noticia de una mujer que aplicaba un detector de mentiras a su pareja cada vez que éste regresaba a casa. No sería extraño que a estas alturas la pareja de la mujer hubiera optado por el divorcio si realmente ella no tiene motivos para desconfiar. Un caso más de celos. Un motivo más para aniquilar una relación de pareja que, en ocasiones, puede llegar a la violencia y el asesinato de la persona objeto de los celos como Desdémona a manos de Otelo en la obra de Shakespeare o como tantos casos de violencia de género en nuestra sociedad.

Antes de seguir conviene diferenciar entre envidia y celos pues muchas veces se confunden. La diferencia radica en un aspecto sencillo: para que se produzca envidia son necesarias dos personas, la envidiosa y la envidiada, pero para que aparezcan celos hacen falta tres, la persona celosa, la paersona objeto de sus celos y la persona que amenaza externamente a la relación (ésta puede ser real o fantaseada).

La persona celosa, convencida del engaño al que está siendo sometida, escudriña mensajes en el teléfono, analiza aspectos irrelevantes de la conducta de su pareja dándoles un significado que corrobora su sospecha, espía su correo electrónico o presenta explosiones violentas que humillan a su pareja. Un paciente que atendí creía que una pomada vaginal antifúngica que su mujer empleaba era un lubricante para las relaciones que mantenía con un amigo. Los celos pueden ser también retrospectivos frente a una persona que mantuvo en el pasado relación con su pareja. El núcleo es siempre el mismo: “tú sientes hacia, piensas sobre o deseas a esa persona más que a mí y no quieres reconocérmelo”. El celoso no ama más sino que ama peor, lo hace de una manera enferma. La idea que los celos fortalecen una relación es una falacia. Lo único que provocan es aquello que temen y anticipan, la ruptura a modo de profecía autocumplida como ilustra Cervantes en “El celoso extremeño”.   

Los celos son neuróticos cuando se mantiene el contacto con la realidad. Aquí el sujeto sospecha la infidelidad y busca su demostración pero reconoce no estar seguro de su creencia. Son más frecuentes en mujeres con rasgos dependientes  y hombres con rasgos paranoides y/o narcisistas de personalidad así como en personas con sentimientos de inferioridad, con escaso amor propio, con antecedentes familiares de engaños o con fuertes necesidades de control. Aparecen típicamente también en la inexperta población adolescente que se asoma por primera vez al amor.

Del otro lado tenemos los celos psicóticos y en ellos ya se produce una ruptura con la realidad. En este caso hablamos de celotipia o delirio celotípico. Consiste en una certeza plena e irracional de ser objeto de engaño que, además, resulta inabordable desde la argumentación lógica. Estas situaciones se asocian en algunos casos con homicidios tanto de la pareja como de la persona que se supone atrae su atención y son más frecuentes tanto en población alcohólica como en demencias vasculares.

En los celos neuróticos suele existir un conflicto edípico no resuelto que lleva a la persona a ver inconscientemente la representación en sus relaciones de pareja de su madre (en los hombres) o de su padre (en las mujeres) optando por su padre (hombres) o por madre (mujeres) en lugar de elegirles a ellos/as. Por ejemplo “yo quería a mi madre pero ella prefería a mi padre por su fortaleza y por eso cualquier mujer que diga que me quiere va acabar prefiriendo a otro hombre que sea mejor que yo y me va a dejar”. Es este el motivo por el que las personas celosas triangulan con un tercero real o imaginado una relación que sólo tienen dos vértices, su relación de pareja. Esa triangulación puede establecerse con un amigo, una relación laboral o incluso personas desconocidas de la televisión, la calle o la publicidad. Cuanto mayor sea el sentimiento de inferioridad inconscientes frente al progenitor del mismo sexo más intensas serán las ideas de celos. Este hecho subyace también en que muchas personas celosas sean a la vez muy activas engañando a sus parejas, pues se vengan de la “infidelidad” del progenitor estableciendo relaciones paralelas a la vez que temen la “infidelidad” del mismo progenitor que queda representado por su pareja.

La psicología evolucionista clásica, una interesante rama de la psicología de la que ya hemos hablado, admite que los celos son un fenómeno universal que favorece la reproducción y la selección de los mejores. Para la mujer, la monogamia  sería biológicamente necesaria para la estabilidad del “nido”. Por ello la mujer temería una vinculación afectiva de su pareja con otra mujer. Por el contrario, para el hombre sería necesario tener la certeza de su paternidad en la progenie que protege. Por eso el hombre daría mucha más importancia a la infidelidad sexual.

Como es fácil adivinar, respecto al tratamiento la psicoterapia es la única técnica de elección para los celos neuróticos mientras que para los psicóticos es necesario el empleo de antipsicóticos y un estudio médico detallado para detectar posibles causas de tipo orgánico cerebral (demencia, alcoholismo, sífilis, uso de cocaína, intoxicaciones por dopamina o betaestimulantes etc.).

La relación de pareja debe estar sostenida por la confianza, el estímulo y la admiración. Hay que hacerse merecedor del afecto de la pareja cada día. Si siente celos tráteselos de inmediato, de otro modo acabará perdiendo lo que más necesita, la confianza en su pareja y su presencia junto a usted.  

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