MANEJO Y PREVENCIÓN DEL ESTRÉS LABORAL

El estrés laboral aparece cuando las exigencias del entorno de trabajo superan la capacidad de la persona para hacerles frente o mantenerlas bajo control. Durante la primera fase no es una enfermedad pero, si se sufre de una forma intensa y continuada, puede provocar importantes problemas de salud, tanto física como mental, así como la temida disminución en el rendimiento laboral.

El estrés se identifica como uno de los riesgos laborales emergentes más importantes en las empresas. Existe un acuerdo generalizado en concebirlo como un desajuste entre los individuos y las condiciones de trabajo, el cometido del empleado y la organización de la empresa. Las fuentes de estrés son numerosas lo que hace imperativo para la empresa adecuar sus medidas de gestión para atenuar o eliminar el desgaste profesional de sus empleados. El éxito de tales intervenciones depende, en gran medida, de la iniciativa, la participación y el compromiso de todos los integrantes de la empresa.

El conocimiento de estos hechos ha hecho que las escuelas de negocios más modernas hayan comenzado a incluir ya esta nueva área de conocimiento entre sus programas de formación y que haya comenzado a extenderse entre las empresas la elaboración de estudios preventivos sobre estresores y la puesta en práctica de estrategias de manejo del estrés entre sus empleados. El resultado es claro: las empresas que han tomado medidas han visto disminuidos a corto los gastos e incrementados a medio y largo plazo de los beneficios.

Casi la mitad de las compañías grandes en los Estados Unidos proveen algún tipo de capacitación para el manejo del estrés para sus empleados. Estos programas muestran a los trabajadores la naturaleza y las fuentes del estrés, sus efectos sobre la salud, y las habilidades personales necesarias para reducirlo. Es importante destacar que, además, tienen la ventaja de ser baratos y fáciles de desarrollar.

Este curso tiene como objetivos realizar una profundización en los conocimientos sobre estrés laboral en todos los planos (individual, relacional y organizativo), así como un entrenamiento en las técnicas actuales para detectarlo, afrontarlo y manejarlo con éxito. Por tanto contará con una orientación fundamentalmente práctica y asequible.

Manejo del estrés laboral

Por Dr. Sergio Oliveros Calvo
Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

Hoy trataremos las medidas para manejar el estrés laboral. Como vimos en el post anterior son numerosas las fuentes de estrés y es imperativo tanto para la empresa como para el trabajador adecuar la organización de su trabajo para atenuar o eliminar el desgaste personal. La empresa debe conocer el nivel de satisfacción de sus empleados, sus condiciones de trabajo y actuar sobre esta base ya que, si el trabajador se siente bien, la empresa funcionará mucho mejor. En general, el reconocimiento del rendimiento del empleado, la oferta de oportunidades para la promoción interna y una cultura organizativa basada en la valoración del individuo van asociadas al éxito. Tales medidas mejoran la salud de los trabajadores y además disminuyen a corto plazo los gastos de la empresa incrementando a medio y largo plazo sus beneficios.

Las medidas para mejorar el estrés laboral se pueden encuadrar en tres niveles distintos de actuación: la organización, las interacciones individuales y el empleado.

Nos centraremos en las que dependen más del trabajador aunque si a alguien le interesa podemos tratar en otro post las medidas que debe adoptar la empresa. En el plano individual es recomendable:

  1. Fortalecer los vínculos interpersonales y el trabajo en equipo.
  2. Desarrollar una actitud positiva y de unas expectativas realistas.
  3. Sanear los hábitos personales. Por ejemplo, ¿realmente se dedica a distraerse o descansar los fines de semana?, ¿se deja suficiente tiempo para levantarse y desayunar calmadamente todos los días?, ¿es sana su alimentación?, etc.
  4. Practicar ejercicio físico para descargar las tensiones y relajarse de un modo natural (el estrés se manifiesta, frecuentemente, como una tensión o cansancio corporal).
  5. Realizar actividades recreativas para relajar también la mente. No hay nada más reconfortante psicológicamente que practicar hobbies (dibujar, pintar, tocar un instrumento musical, etc.) porque se desarrolla la creatividad y se invierte tiempo y energía en una actividad placentera en sí misma.
  6. Intentar ver el trabajo como una oportunidad de desarrollarse, tratar de encontrarle el lado entretenido para disfrutar de él sin acumular tensión.
  7. Realizar actividades sociales fuera de las horas de trabajo. Conversar es una muy buena forma de desahogarse y eliminar tensiones. Para ello es importante cultivar auténticas amistades, darse el tiempo para visitarlas y compartir actividades con otras personas.
  8. Practicar actividades de relajación como yoga, meditación, relajación muscular, etc.
  9. Responsabilizarse por la propia vida: cada uno es responsable de lo que piensa, lo que hace, lo que siente y lo que decide, y de sus consecuencias. Si uno no se hace responsable de ello, no luchará por cambiar lo que se puede cambiar y culpará a los demás o a las circunstancias de su forma de pensar y sentir. La persona que no se hace responsable de su vida es una víctima.
  10. Ser más flexible cambiando lo que se pueda y aceptar lo demás.
  11. Aceptar que la realidad es una mezcla de cosas buenas y malas: esto implica aceptar que no siempre se tiene la razón, que las cosas cambian y que las cosas no siempre son totalmente blancas o totalmente negras. A veces es bueno aceptar que es suficiente con hacer las cosas lo mejor posible.
  12. Disfrutar el momento: de vez en cuando es bueno reducir la marcha de la propia vida y pensar en el mundo que nos rodea y en lo que es importante en la vida. Es importante disfrutar el proceso por medio del cual cumplimos nuestros objetivos y no sólo disfrutar del resultado. Es bueno darse tiempo para entretenerse, para reírse, para hacer cambios.
  13. Aprender a convivir con la frustración: es necesario incorporar la frustración como una parte de la vida, percibirla como una oportunidad para esforzarnos más, para valorar otros aspectos de la vida, para sentirnos seres humanos y para fortalecer nuestro espíritu ante la adversidad.
  14. Aceptarse y cuidarse: todos somos una mezcla compleja e imperfecta de cosas buenas y malas, puntos fuertes y flacos. Cada uno es un ser único; es importante valorarse a sí mismo, aprender a cuidarse, sin sentirse culpable por ello; esto implica, cuidar el cuerpo, comer alimentos sanos, hacer ejercicios y premiarse de vez en cuando.
  15. Expresar sentimientos positivos y negativos: expresar lo que uno piensa y siente, de manera sincera y asertiva, sin avasallar a los demás, es una experiencia liberadora. Es importante aprender a decir “no”, aceptar que los deseos de los demás pueden ser diferentes a los propios y que eso puede producir rabia, tristeza y decepción y que es bueno expresar estas emociones en forma adecuada.
  16. Fijarse objetivos: es muy importante decidir qué es lo que uno quiere de la vida y qué es lo realmente importante para uno. Es bueno definir objetivos tanto para el corto como para el largo plazo en todos los aspectos, porque sirven para darle sentido y orientación a la vida. Es necesario comprometerse con estos objetivos, pero de manera flexible, considerando las circunstancias y los cambios. Los objetivos deben ser realistas y consistentes con los propios valores, pero también debe considerarse una cuota de frustración como inherente al proceso de consecución de los objetivos.
  17. Pensar racional y creativamente: muchas veces son mejores las soluciones propias en vez de aceptar lo que los demás digan; es bueno estudiar diferentes alternativas antes de tomar una decisión, identificar y rechazar las ideas rígidas y tomarse la libertad de optar por soluciones nuevas y creativas.
  18. Administrar el tiempo y mantener el equilibrio: hay que mantener un equilibrio entre el trabajo y el ocio, entre la familia y los amigos, los asuntos serios y la diversión, la compañía y la soledad. Para mantener un buen equilibrio hay que tener claras las propias prioridades e invertir el tiempo, un recurso crecientemente más escaso, de acuerdo a lo que se considera más importante, sin dejarse llevar por las presiones externas.
  19. Desarrollar aficiones: la relajación muchas veces se encuentra en la realización de actividades intrínsecamente satisfactorias. Es importante experimentar hasta encontrar aquellas actividades que resultan apasionantes y estimulantes; es bueno que los intereses sean variados y dedicar tiempo y energía a desarrollarlos.
  20. Establecer vínculos estables: el sentirse realmente escuchado y compenetrado con otras personas es una experiencia muy reconfortante que puede estar muy al alcance de uno. Para desarrollar los vínculos es importante comunicarse abiertamente y escuchar realmente a los demás, aceptarlos como son en vez de intentar cambiarlos, dedicarle selectivamente el tiempo suficiente a la pareja, el mejor amigo y/o los hijos, en definitiva, valorar a la gente con las que uno se siente más relajado y siente que puede ser uno mismo.

A pesar de que la crisis nos conduce a un estrés mucho mayor (los parados por estarlo y los que tienen la suerte de trabajar por tenerlo que hacer en general muchas más horas con una retribución menor), es posible aplicar estas medidas para disminuir el estrés y preservar nuestra salud física y mental. Debemos recordar que trabajamos para vivir y que no vivimos para trabajar.

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