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Maternidad y paternidad en la era de la información

office-620822_1280por Jazmín Mirelman, Psicóloga Perinatal 
Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

  Según la ley de la oferta y la demanda, el valor de algo se define por su abundancia o escasez. Con mucha frecuencia esta ley no solo se aplica a los bienes y servicios, sino también a las personas y relaciones humanas. Deseamos y cuidamos más y mejor aquello que nos cuesta más conseguir.

  En este sentido, en nuestro contexto social a menudo confundimos a los hijos con un bien escaso. Por múltiples razones todo lo que rodea a la maternidad y paternidad resulta tan complejo que en España el promedio de nacimientos por unidad familiar es de 1,32, lo que en la práctica (y dado que no podemos fraccionar a una persona tal como hacen las estadísticas) redunda en que es habitual tener un solo hijo o hija. Así, en la actualidad los hijos son deseados, concebidos y traídos al mundo como si se tratara de conseguir un bien muy valioso. Son una suerte de trofeo no solo por el amor que nos evocan o por la responsabilidad que representan, sino por el tiempo, esfuerzo y renuncias personales o profesionales que supone su llegada a nuestras vidas.

  Esta realidad ha derivado en la proliferación de expertos, manuales y demás productos de consumo que vienen a cubrir la gran necesidad de cuidar y ofrecer las mejores atenciones a ese ser, que se ha devenido en un objeto frágil que hay que guardar entre nubes de algodón. Olvidamos que desde que el mundo es mundo nacemos y damos nacimiento, que todos fuimos hijos y muchos de nosotros también hemos sido padres y que poseemos un saber transgeneracional y también un saber interno al respecto. Buscamos con cierta premura un buen manual de instrucciones para afrontar la angustia que nos despierta lo desconocido, a saber: cómo responder al llanto de un bebé.

  Paradójicamente observamos que ante el aluvión de información sobre maternidad y paternidad, que en esta nueva era está al alcance de un clic, las madres, padres y cuidadores se encuentran cada vez más desconcertados, inseguros y estresados ante la tarea de la crianza.

  Por cada nueva teoría encontramos otra diametralmente opuesta, como ya comentamos en anteriores entradas respecto del insomnio infantil. Y lo mismo ocurre si hablamos de cómo ha de ser la alimentación, la educación, el juego o la vacunación o si consultamos sobre cómo gestionar las rabietas, cómo poner límites, cómo hablarles y hasta si debemos o no coger en brazos a nuestros pequeños.

  Poco espacio dejamos entonces para que cada mujer y cada hombre que llega a esta etapa de su ciclo vital y que debuta como madre o como padre, pueda desarrollarse y crecer de forma singular.

  Sin embargo, en este ejercicio de autonomía y singularidad va a radicar la salud emocional de toda la familia ya que sabemos que en la infancia somos modelados por las experiencias vividas y observadas en nuestro entorno más cercano, que más allá de ésta o aquella decisión que tomen los adultos respecto de algo, lo que va a quedar grabado en la estructura del niño es la actitud o la forma en la que la decisión fue tomada.

  ¿Cómo recuperar entonces la capacidad crítica para definir, en un mar de información contradictoria, cómo queremos criar?

  ¿Cómo contactar con el potencial creativo que cada familia posee para imaginar y plasmar su forma peculiar de relacionarse?

  ¿Cómo volver a tomar la responsabilidad de nuestras decisiones y acciones más allá del soporte de los expertos?

  ¿Cómo reivindicar el valor de la reflexión y el diálogo frente a la inmediatez de los consejos u opiniones prefabricados?

  Es en este sentilomejorerestudo en el que quiero compartir un texto escrito por una bloguera que se ha hecho  viral y que ha llegado ser colgado hasta en las paredes de las consultas pediátricas de toda España. Un texto que, con gran sencillez y contundencia, explica la relación tan estrecha entre el bienestar infantil y el materno. Nos recuerda su autora la importante labor de la psicología perinatal, que es la especialidad de la psicología que cuida a la díada madre-bebé, a la madre, al padre y a la familia; y que estudia nuevas formas de acompañamiento terapéutico desde la etapa prenatal, allá donde el vínculo se inicia, y durante los primeros años de la vida. Una labor que requiere una mirada y una escucha especial, en donde no solo hay palabras sino también llanto, balbuceo, gateo, juego e interacción y que reclama un gran compromiso con el respeto a las diferencias.

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