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Psicología del voto: ¿un condicionamiento biológico?

 por Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

  Con el planeta todavía temblando por los inesperados resultados de las recientes elecciones en EEUU y el imprevisto sí al Brexit en Reino Unido, varios lectores me sugirieron que discutiera sobre la psicología del voto, sobre los factores que condicionan que nos inclinemos por una u otra opción en una convocatoria electoral.

  Lo cierto es que ni la psiquiatría ni la psicología  tiene una explicación inequívoca de estas extrañas singularidades. Pero creo que sí podemos añadir alguna información a los debates que en estos días se plantean.

  Sin duda una elección es un fenómeno de masas en el que el pensamiento individual juega un papel limitado. Ya vimos en el post de la conformidad social como nuestra conducta está muy condicionada por la del grupo al que pertenecemos. Por lo tanto, ése es el primer condicionante. Si mi familia, mis amigos, mi periódico, mi programa de radio etc. me orientan en una dirección es seguro que mi voto va a estar en armonía con esa dirección. Luego lo racionalizaré y me convenceré de que he hecho lo correcto pero mi condicionante emocional inconsciente habrá sido la fuerza esencial que ha dirigido mi elección. Este hecho puede condicionar lo que se denomina el voto cautivo o el voto incondicional.

 Pero hay otros aspectos que pueden condicionar nuestro voto sobre todo cuando nuestra decisión no es firme.

  Hace dos años se realizó un estudio de tipos de personalidad entre votantes radicales republicanos y votantes radicales demócratas. Mientras que en el votante republicano predominaban los rasgos del grupo B de la DSM 5 (clasificación psiquiátrica americana) que reúne las personalidades antisocial, borderline, narcisista e histriónica, en el votante demócrata predominaban los rasgos del grupo C (obsesivo, fóbico y dependiente).

  Estudios más recientes han encontrado incluso diferencias anatómicas y funcionales en los cerebros de estos dos extremos de votantes más radicales:

  • DEMÓCRATAS: Tienen mayor actividad en la ínsula y la corteza del giro cingulado anterior. Ambas regiones del cerebro están implicadas en la detección y el procesamiento cognitivo de las situaciones de conflicto lo que les permite:
    • tolerar mayor intensidad de incertidumbre.
    • dominar las conductas instintivas.
    • buscar acuerdos.
    • procesar la escala de grises.

  Es una posición más evolucionada por tanto en la medida que se basa en el funcionamiento de la corteza cerebral, elemento que no tienen muy desarrollado el resto de los animales.

  • REPUBLICANOS: Mayor tamaño y mayor actividad en la amígdala del lóbulo temporal. Tal núcleo está implicado en:
    • afrontamiento del miedo.
    • la defensa por la agresión.
    • responde a la recompensa de la seguridad.

  Eso lleva a que el republicano entienda el mundo de dos modos, amenaza o seguridad, y se vea impulsado inmediatamente a actuar agresivamente cuando percibe la amenaza.  Ve todo como blanco o negro, sin matices. Es una posición más primitiva, mamífera, en la medida que se fundamenta en un ganglio de la base del cerebro, algo que tenemos en común con el resto de los animales.  

El discurso maniqueo que divide el mundo en los buenos y los malos, tiene una recompensa electoral clara y es explotado ahora sin pudor tanto por partidos de izquierda como de derecha. Y quizá sea así porque podría ser capaz de activar nuestros aspectos más “viscerales” e irracionales por la necesidad de seguridad y defensa que nos despierta. El único problema es que quizá, de forma rápida e inevitable, pueda a la vez convertirnos en mamíferos no tan superiores a un asno o un elefante.  

Otros estudios meramente psicométricos han encontrado claras diferencias en los dos grupos de modo sus características psicológicas serían:

Republicanos:

  • Realista.
  • Disciplinado.
  • Normativo.
  • Tradicional.
  • Dependiente.
  • Organizado.
  • Responsable.
  • Poco sociable.
  • Inhibido.
  • Moralista/religioso.

 

Demócrata:

  • Abierto.
  • Idealista.
  • Negociador.
  • Creativo.
  • Intelectual.
  • Tolerante.
  • Curioso.
  • Conversador.
  • Sociable.
  • Desinhibido.
  • Ateo / no religioso.

   Es evidente que estos dos perfiles los podemos observar en Europa que clasifica los partidos en izquierda y en derecha en los votantes de ambos bandos. Hablaríamos de la derecha radical (Le Pen, Amanecer Dorado) y la izquierda radical y de todos aquellos votantes incondicionales que nunca podrían votar de otra forma. 

  Extremistas y moderados hay en todos los países y en todos los partidos. Muchos de ellos se definirán como anti algo y seguramente todos estos votantes tendrán una amígdala mayor que les lleva a concebir la realidad de forma maniquea: blanco o negro, bueno y malo (“y yo estoy en el lado bueno, claro” dirán). Defendiéndose de lo “malo” lo satanizan y atacan como filosofía de vida. 

  Este grupo de votantes “radicales” de izquierda y de derecha podría representar en diverso grado hasta el 40% de la población general. Esto quiere decir que pase lo que pase y hagan lo que hagan los partidos políticos en las campañas, estos ciudadanos siempre van a votar por el partido por el que están condicionados biológicamente. Son así y no pueden ser de otra forma.

  Alfonso Guerra, político socialista español destacado por sus ácidos y brillantes comentarios, dijo que Manuel Fraga, político conservador español, tenía los intestinos colocados en el cerebro. Los que recuerden a Fraga, seguramente podrán estimar que pertenecía a ese 40% de la población que vota “visceralmente” (biológicamente).  

  Por lo tanto, lo que decide el resultado de unas selecciones sería el 60-80% de votantes restante que dependiendo de otros factores votan por una u otra opción.

 En EEUU esa población ha podido verse arrastrada por el discurso sobre la amenaza y el miedo promulgado por Trump que ha podido activar áreas primitivas de sus cerebros tal y como pudo ocurrir en Alemania en la que el partido Nazi solo obtuvo el 23% de los votos pero el sometimiento pasivo posterior del 90 % de la población o como ha podido ocurrir en Reino Unido o amplios sectores nacionalistas en el seno de Europa.

  El discurso maniqueo que divide el mundo en buenos y malos tiene una recompensa electoral clara y es explotado ahora sin pudor tanto por partidos de izquierda como de derecha. Y quizá sea así porque podría ser capaz de activar nuestros aspectos más “viscerales” e irracionales por la necesidad de seguridad y defensa que nos despierta en nuestra amígdala cerebral. El único problema es que quizá, de forma rápida e inevitable, pueda a la vez convertirnos en mamíferos que no sean tan superiores a un asno o un elefante (animales que representan respectivamente a los demócratas y a los republicanos en USA). 

 

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