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Resiliencia, la habilidad que nos fortalece y protege del sufrimiento.


por Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

  Boris era un niño de 7 años cuando la ocupación alemana de Francia le separó de sus padres en Burdeos. No les volvió a ver. A pesar de haber sido ocultado por una mujer, al poco tiempo los alemanes lo capturaron junto a otros niños judíos, pero, en su traslado a un campo de concentración, logró escapar escondiéndose en un baño. Una enfermera le ayudó a huir oculto en su camioneta y tras cambiarle el nombre le permitió luego sobrevivir al Holocausto nazi. Al acabar la guerra Boris fue adoptado por un familiar de París. Con el tiempo creció sano y acabó convirtiéndose e un afamado psiquiatra. 

  Esos fueron los pilares biográficos que permitieron al eminente psiquiatra francés de origen judío Dr. Boris Cyrulnik  construir su teoría sobre la resiliencia (del latín “resilirie”, saltar hacia atrás), la habilidad que permite a unos triunfar donde otros se colapsan.

  Steven Hawkin (astrónomo británico afecto de ELA), Irene Villa (con dos piernas amputadas en un atentado de ETA), Cristopher Reeve (actor parapléjico que interpretó a Superman) o María de Villota (piloto de carreras que perdió un ojo en un accidente) cuentan con un mismo factor: supieron afrontar la adversidad y salieron fortalecidos de ella.  

  El concepto de resiliencia nace en la física como la capacidad de un material de recuperar su estado previo tras una deformación. Sería máxima en objetos como los muelles o los arcos de madera y mínima en otros como las piedras. Este comportamiento aplicado a la experiencia humana equivaldría, según Cyrulnik, a la capacidad de algunas personas de reconstruirse tras vivir una experiencia traumática y desestructuradora.  Ser resiliente no significa ser un témpano de hielo sino saber salir fortalecido de la dificultad. Afirma que, históricamente, la evolución siempre ha surgido a partir de las catástrofes con nuevas formas de vida pero que es nuestra responsabilidad aprender a hacerlo sin exponernos a semejantes cataclismos transformadores. 

  Ya el texto clásico chino del S IV a.C. “Tao Te King” recomendaba ser como el junco flexible al que apenas inclina la corriente, no como el roble que resiste un tiempo, pero termina siendo arrancado por la tormenta.

  No todos tenemos la misma resistencia ante los factores de estrés. Todos hemos fracasado y todos nos hemos visto inmersos en alguna crisis. Pero ¿qué hace que unos tengan más éxito que otros en su afrontamiento? Su capacidad de adaptarse, sin duda, su mayor resiliencia. Los aspectos que más incrementan nuestra resiliencia y sobre los que no tenemos ninguna capacidad de control (forman parte de nosotros y de la educación que hemos recibido) son:

  • Seguridad en el vínculo con las figuras representativas en la infancia.
  • Fomento de la autonomía y creatividad en familias funcionales.
  • Amor propio sano y autoestima.
  • Madurez de la personalidad.
  • Inteligencia.
  • Capacidad para relacionarse con los demás.

  Son cualidades que podemos infundir en nuestros hijos mediante una crianza madura  (independiente, social, creativa y responsable). De ese modo podrán afrontar con mayor éxito el estrés y la adversidad en el futuro. Pero la pregunta que cabe hacerse ahora es ¿Es posible mejorar nuestra resiliencia cuando de forma natural no contamos con ella? Y la respuesta es sí.

   Cuando uno no cuenta con una resiliencia natural puede adquirirla mediante el aprendizaje de nuevas formas de conducta, pensamiento y acción. Tal aprendizaje puede llevarse a cabo de una manera autónoma a lo largo de la vida, pero la psicoterapia puede ayudarnos a mejorar nuestra resiliencia más rápidamente a través de:

  • Enseñar a tomar como una oportunidad las situaciones de crisis.
  • Aumentar la capacidad de reflexión e introspección.
  • Establecer planes realistas y ver los problemas en perspectiva sin dejar que nos arrastren emocionalmente.
  • Mejorar la autoestima y la autoconfianza.
  • Cambiar las distorsiones cognitivas frente a la dificultad y la impotencia por un pensamiento orientado a las soluciones y la capacidad.
  • Mejorar el control de los impulsos y el manejo de las propias emociones.
  • Flexibilizar el pensamiento, las concepciones y las actuaciones.
  • Fomentar la adopción de soluciones creativas.
  • Reducir nuestras necesidades (“no es más rico quien más tiene sino quien menos necesita”).
  • Atenuar el control que nos obligamos a ejercer sobre nuestra vida fomentando la flexibilidad, espontaneidad, creatividad e imaginación. 
  • Entender y aceptar con objetividad las capacidades y limitaciones propias y del entorno.
  • Fomentar las relaciones interpersonales íntimas, seguras y sólidas, así como la confianza en el grupo.
  • Aprender a relativizar los problemas fomentando el sentido del humor.
  • Aprender que el cambio es necesario para sobrevivir, replegarnos sobre nuestra zona de confort/caverna puede convertirse en una trampa mortal a corto plazo.

  Aunque crezcamos con limitaciones, un cambio a tiempo mejorará nuestra capacidad de reacción y adaptación al estrés. Dentro de lo que permita la realidad, aprenderemos a ver oportunidades donde antes veíamos crisis o muros infranqueables.  Esto no nos convertirá en los mejores, pero sí en supervivientes fortalecidos.

  El meteorito exterminó a los dinosaurios pero permitió a los pequeños mamíferos resistir como el junco del Tao y transformarse en los nuevos dueños de la tierra por su mayor capacidad de adaptación. Ese es nuestro secreto como mamíferos y no podemos desaprovecharlo.

  A continuación, una entrevista con el Dr. Cyrulnik que explica sus concepciones sobre la idea de resiliencia y las capacidades adaptativas del ser humano.  

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