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Sentencia de la manada: ¿necesita la ley víctimas sobrenaturales?

por Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

    El estrés incrementa nuestra capacidad de análisis de la situación, acelera nuestra capacidad de decisión, hace más ágiles y vigorosos nuestros movimientos, aumenta la frecuencia de nuestra respiración y ritmo cardiaco y concentra nuestra sangre en el cerebro y músculos retirándola de la piel y del intestino. En otras palabras, nos prepara para la lucha o la huida, las dos alternativas que afrontamos desde nuestra infancia cuando nos vemos amenazados.

    Sin embargo, existe una tercera reacción posible, la parálisis. Quien haya tenido ocasión de coger una gallina tras perseguirla lo habrá observado. Huye y dificulta ser atrapada pero cuando se logra se queda completamente paralizada y rígida. En cualquier video de caza salvaje de carnívoros en el medio salvaje se puede ver también, la presa intenta huir, pero cuando se ve atrapada se queda completamente quieta y espera su muerte mientras su captor parece tomarse un receso también. Es la reacción de la indefensión máxima, la rendición incondicional previa al sacrificio. En humanos es la más frecuente cuando la indefensión frente a la agresión es abrumadora. Es lo que denominamos shock emocional y se puede observar en terremotos, tsunamis, colisiones inminentes etc.). Sería una reacción paralizante muy próxima a la disociación. La intensidad emocional de la experiencia es tan intensa que no se puede canalizar y obliga al sujeto a separarse temporalmente de la realidad con objeto de mitigar la angustia.  

   Los anglosajones dicen que la reacción al estrés intenso sigue la regla nemotécnica de las tres efes:

Fight (luchar): Tensión muscular, agresividad, rabia, llanto, mandíbula apretada, movimientos cortos y vigorosos, mirada fija con párpados semicerrados, deseo de patear, golpear, desgarrar, náuseas, nudo/ardor en el estómago.
• Flight (volar o huir): Inquietud, gritos, ansiedad, miedo, ojos muy abiertos, movimientos amplios, voz temblorosa, diarrea, hiperalerta a las vías de escape.
Freeze (quedarse congelado): hipotonía muscular, estado disociativo, ausencia de movimientos, mirada perdida, ausencia de respuestas, ausencia de reacción.
 

   Hace unos días, los hechos probados en un proceso judicial hicieron que en una sentencia se absolviera del delito de violación a 5 hombres que habían manifestado en su grupo de whatsapp su intención de acudir a los Sanfermines y allí drogar y violar a alguna mujer con escopolamina, que captaron a una mujer no acompañada con tasa de alcoholemia de 0.9 mg/l y la introdujeron agarrada por las muñecas en un portal y allí la penetraron vaginal, bucal y analmente sin preservativo los cinco sujetos, mientras grabaron 7 videos para robarle el móvil y dejarla desnuda al final. La mujer se mantuvo con los ojos cerrados según su testimonio mientras se prolongaron los hechos en estado de shock esperando que todo terminara. 

    La sentencia recoge lo siguiente:

” (La denunciante) experimentó la sensación de angustia, incrementada cuando uno de los procesados acercó la mandíbula de la denunciante para que le hiciera una felación y en esa situación, notó como otro de los procesados le cogía de la cadera y le bajaba los leggins y el tanga. Sintió un intenso agobio y desasosiego, que le produjo estupor y le hizo adoptar una actitud de sometimiento y pasividad , determinándole a hacer lo que los procesados le decían que hiciera.” 

   Los jueces, aunque reconocen en la sentencia que hasta un 50% de las víctimas de violación no presentan lesiones físicas objetivables,  fundamentaron su sentencia, como es lógico, sólo en los hechos probados mencionados. Al parecer, no valoraron como prueba el estado de parálisis emocional de la víctima. 

 

    La próxima vez deberemos de tenerlo muy en cuenta: si no cambia la ley, no nos queda más remedio que sobreponernos a nuestras limitaciones estadísticas humanas y hacernos sobrenaturales.

 

   Los peritos forenses diagnosticaron trastorno por estrés postraumático de forma inequívoca. No se pudo probar que la mujer se resistiera pues no había señales de defensa como hematomas, desgarros o heridas. Se evidenció una zona de inflamación perianal. No se pudo probar que gritara (en los videos que los acusados grabaron incluso un juez apreció gemidos de placer mientras otros los atribuyeron a uno de los acusados y otro los atribuyó a dolor). Conclusión: cinco hombres en estado de embriaguez abusaron sexualmente de una mujer en estado de embriaguez que hoy presenta trastorno por estrés postraumático.

   Todo parece indicar que la presencia de esta grave lesión psiquiátrica residual no ha sido tenida en cuenta a la hora de valorar la condena.

   No quiero cuestionar la sentencia. Los jueces sabrán en qué la han fundamentado. Pero la pregunta es: si una de las tres reacciones normales frente a agresiones masivas es la parálisis y la disociación  ¿por qué la ley puede interpretar una violación como relación consentida y exige, para llegar a una condena, presentar una de las otras dos (lucha o huida) para demostrar que se fue víctima de una agresión?.  ¿Por qué la ley valora todavía de forma más contundente las lesiones físicas que las mentales?

   Como decía Iñaki Gabilondo en su videoblog hace unos días, las mujeres mudas no pueden gritar ¿serán objetivo fácil de violadores según este criterio?

   Cuando un paciente esquizofrénico ha matado a una persona convencido de que se trataba de un demonio que había venido a matarle, cuando se le ha juzgado se le ha aplicado un atenuante de enajenación mental. Eso ha reducido su pena y se ha sustituido la cárcel por un ingreso en un hospital psiquiátrico penitenciario. Y se hace así porque cuando ese paciente ha matado a la persona no ha sido capaz de evaluar correctamente lo que estaba haciendo. Aplicarle una condena normal sería como exigirle que a pesar de estar delirando tuviera que tener la capacidad sobrenatural de saber que no estaba matando a un demonio sino a una persona normal.

   Lo que ha hecho la ley con la mujer de los Sanfermines ha sido muy parecido. Veamos. Da lo mismo que ella tuviera 0.9 mg/l de alcohol en sangre, 18 años, hubiera ido a Pamplona tan sólo a divertirse, confiara en su libertad para tener relaciones sexuales cuando, donde y con quien quisiera y tuviera un aparato psíquico todavía inmaduro que condicionó su reacción de parálisis frente a la agresión masiva, un aparato psíquico que después de dos años sigue roto por un estrés postraumático. Como ella entró en shock no gritó ni se defendió ni intentó huir y, por eso, no tiene derecho a ser reconocida legalmente como víctima . En consecuencia, aquellos que la penetraron con alevosía, no pueden ser condenados por violación de acuerdo a derecho.

   Curiosamente es una forma de pensar que inspira a muchos tribunales del INSS cuando evalúan casos de bajas por depresión y acoso laboral que muestran un olímpico desdén por el paciente que no ha “sabido” sobreponerse por sí mismo a la dificultad y que, en consecuencia, no merece la consideración del tribunal quien le obliga a reincorporarse a su puesto de trabajo inmediatamente. No es raro que, tras este encuentro, muchos pacientes realicen intentos de suicidio tras ser revictimizados por el tribunal (tuve 3 casos en mis 17 años de carrera profesional pública).    

   La próxima vez deberemos de tenerlo muy en cuenta: si el gobierno o el parlamento no cambian la ley o los jueces siguen sin modificar la forma de interpretar la ley actual, es posible que a muchas mujeres no les quede más remedio que sobreponerse a sus limitaciones estadísticas humanas y hacerse sobrenaturales. La poliomielítica tendrá que correr, la ciega tendrá que verlos venir y huir evitando los obstáculos, la muda gritará a todo pulmón y la fóbica se transformará en un instante en una equilibrada y contenida miembro de élite del cuerpo antiterrorista que los reducirá sin herirles. Si no, es posible que la ley tampoco les tenga en cuenta.

 

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