Soledad y buenas vacaciones
¿una contradicción en términos?

Soledad y buenas vacaciones
¿una contradicción en términos?

Por Dr. Sergio Oliveros Calvo
Psiquiatra Madrid – Grupo Doctor Oliveros

Etiquetas: Vacaciones, soledad, familias disfuncionales, divorcio, depresión, síndrome postvacacional.

El verano es la oportunidad que todos esperamos para disfrutar y reponernos a fondo del desgaste del trabajo y demás obligaciones. Las vacaciones nos hacen ricos en lo que durante el resto del año nos falta: el tiempo

Nuestras largas jornadas de trabajo, cuando lo tenemos, hacen que, en general, limitemos nuestra vida social al ámbito laboral mermando lo que dedicamos a amigos e, incluso, a familia. Suplimos su calor con la superficialidad, distancia y frialdad de las redes sociales. Por eso, para la mayoría las vacaciones son el momento de la comunicación con la familia y amigos, del placer y el descanso. Del contacto directo con el otro y con la naturaleza.

Sin embargo, en algunos las vacaciones pueden convertirse en un tormento, una fuente de frustración, angustia y tristeza.

Workoholics, vacaciones y soledad

 

Hay personas que viven todo el año atrincheradas en sus rutinas (trabajo, gimnasio, estudio, lectura etc.) defendiéndose del afecto y el contacto real con los demás. Cuando llegan las vacaciones, se enfrentan descarnadamente al vacío emocional que su trabajo anestesia como una droga el resto del tiempo. Son los workoholics o adictos al trabajo y suponen un 8% de la población general. Personas que no saben disfrutar del tiempo libre (acaso incluso de la libertad), de la iniciativa improvisada típica de las vacaciones, del placer o del contacto real con los amigos.

Pero no son las únicas personas para las que las vacaciones pueden ser un problema. Vivimos en una sociedad guiada por dos máximas: “Ser felices y tener muchos amigos”. Hace poco resumía este hecho en Twitter el coach Alfonso Alcántara (@Yoriento) en su crítica a las perogrulladas de las pseudoterapias (que suscribimos): “Psicología positiva en tres segundos: no te sientas mal, siéntete bien”. Las personas solitarias, desplazadas, divorciadas, deprimidas, tímidas, introvertidas o, sencillamente, poco sociables tienen un serio problema si son examinados con este prisma. A ellos destinamos este post.

Exponemos sin recato fotografías de nuestra intimidad en las redes sociales con nuestras mejores sonrisas y escenarios. Bailamos los éxitos musicales que han sido expresamente diseñados para divinizar la felicidad. Devoramos libros de autoayuda en lugar de pedirla a quien puede dárnosla. Ser feliz es obligatorio hoy, aunque lo seamos tan sólo en la imaginación.

Síndrome postvacacional

Sin embargo, llegadas las vacaciones, esa obligación adquiere mucho mayor peso en el solitario, especialmente por la presión de las redes sociales. De hecho, su desarrollo ha creado una doble realidad.

Por un lado, el mundo real que conocemos y habitamos, con sus luces y sus sombras, su ruido y su belleza, sus placeres y sus sinsabores. La realidad que todos compartimos, estemos acompañados o no.

Pero por otro, vivimos en un mundo paralelo de avatares virtuales creado por las redes sociales en el que nos obstinamos en vivir y donde queremos realizar alucinatoriamente nuestros deseos. Una droga mucho más extendida y dura que el trabajo para los workoholics, que lesiona sin clemencia al solitario. Mientras contempla la pantalla, envidia y admira a las personas acompañadas que exhiben su felicidad y sus vidas perfectas oportunamente retocadas con Photoshop. Un escenario en el cual el solitario ve más alejado aún su horizonte de compañía. En esta cultura de la realidad paralela, durante las vacaciones, y viviendo en un mundo en el que todos parecen tener con quien estar, la persona que se encuentra sola vive sus propios sentimientos de aislamiento con un mayor desgarro. Como escribía Lope de Vega:

“Con esta envidia que digo

y lo que paso en silencio,

a mis soledades voy,

de mis soledades vengo”.

Pero la lista de alérgicos a las vacaciones es aún más amplia. No podíamos olvidar a los que mantienen relaciones disfuncionales con su familia y amigos durante todo el año. Amparándose en el trabajo, los amigos, etc., logran aplazar el choque hasta las vacaciones. Sin embargo, como ocurre en Navidad, al llegar el verano, estas personas sufren una sobredosis de exposición desnuda al conflicto, lo que se traduce en que agosto sea el mes en el que se registra un máximo en las demandas de divorcio.

La soledad y la felicidad

 

La soledad puede resultar emocionalmente dolorosa cuando es inevitable o cuando no sabemos gestionarla. Las personas solitarias tienden, a menudo, a dejarse llevar por visiones pesimistas y derrotistas de la vida y las relaciones humanas. Como varios estudios han demostrado ya, la soledad también puede tener efectos negativos sobre la salud, tanto física (enfermedades cardiovasculares y neurológicas como el Alzheimer) como psicológica (depresión).

Pero hay un aspecto clave: las vacaciones en soledad no implican infelicidad en absoluto. Es bueno aprender a estar bien a solas. La compañía de los demás es importante pero no imprescindible para sentirse pleno. A menudo pensamos que no podemos irnos de viaje solos y nos embarcamos en vacaciones con compañías no deseadas que acabamos detestando o encontrando aburridas.

Cuando realmente decidimos abandonar nuestra zona de confort, nos permitimos abrirnos a experiencias nuevas, positivas e inesperadas. Aquellos que han viajado solos seguro podrán refrendar esta afirmación.

Muchos de mis pacientes han logrado culminar la salida de una crisis tras una ruptura o una vida desdichada pasando unas vacaciones solos. La experiencia ha actuado como un control de calidad exitoso del tratamiento previo. Pero ha sido el primer paso de una nueva orientación en sus vidas que les ha dado muchos más frutos que sus opciones previas.

Es importante adentrarse en el afrontamiento de la soledad pues, desde ella, la libertad y la madurez se alcanzan con más facilidad. No es siempre más feliz el que está acompañado sólo por estarlo. El que sabe estar consigo mismo puede elegir (si quiere) mejor a su compañero de viaje, conseguirá una mayor solidez y durabilidad en la relación y reorientará su vida en la línea de la libertad y la independencia.



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