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Trauma infantil y enfermedad mental: una relación no tan lineal

 child-334310_960_720  por Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

  La relación entre experiencias traumáticas en la infancia y la aparición posterior en el adulto de síntomas disociativos, Trastorno de estrés postraumático (TEPT) y Trastorno límite de personalidad (TLP) es un hecho observable en muchos pacientes lo que ha despertado el interés de numerosas líneas de investigación.  

  Tanto las experiencias traumáticas severas puntuales (experiencias cercanas a la muerte, violaciones, secuestros) como la exposición prolongada en la infancia a experiencias menos intensas (violencia familiar, rechazo parental, vínculo inseguro con los padres por cuidados negligentes, abusos sexuales mantenidos, desamparo, guerra etc.) condicionan una incapacidad crónica en el adulto para modular su adaptación al estrés, así como sus emociones.  No es raro que algunos se refieran a estas experiencias como el asesinato del alma. Como dice James Rhodes en su reciente y estremecedora novela “Instrumental” que recomendamos y que describe los abusos sexuales de los que fue objeto en su infancia a cargo de su profesor de boxeo, “si quieres destruir para siempre a alguien, viólale en su infancia”.

  En las consultas es frecuente que los antecedentes traumáticos en la infancia sean pasados por alto, entre otras cosas, porque el mismo paciente no los refiere con frecuencia de forma espontánea.  Sin embargo, esta observación puede determinar el éxito de un tratamiento y la comprensión de un síntoma: entender un duelo patológico será más fácil si se sabe que el paciente perdió a su madre en sus brazos con 9 años.  

  Se ha comprobado que un vínculo seguro del niño con la madre en la infancia facilita el desarrollo normal del sistema nervioso y, en especial, su capacidad adaptación futura al estrés. Por tanto, madres con patología mental severa, insuficientes, carentes de empatía, inseguras, frías o ausentes pueden generar un riesgo elevado de anomalías emocionales y cognitivas en el adulto. Este hecho es común al TLP y el TEPT.

  En el niño la exposición a experiencias traumáticas tempranas se traduce con frecuencia en:

  • TEPT
  • TLP.
  • Somatizaciones.
  • Hiperreactividad.
  • Hipersensibilidad al abandono/desamparo.
  • Amnesia disociativa (selectiva frente al trauma).
  • Episodios disociativos.
  • Depresión mayor.
  • Trastorno por crisis de angustia.
  • Dependencia de sustancias.
  • Déficit en el control de los impulsos.
  • Trastornos de la alimentación.
  • Hipervigilancia.
  • Desconfianza en la benevolencia ajena.
  • Desapego.
  • Alteración en las relaciones interpersonales.
  • Autolesiones, intentos de suicidio.
  • Indefensión aprendida.
  • Desesperanza.
  • Explosiones de ira, 
  • Violencia doméstica.

  Es fácil apreciar que algunos de estos síntomas están presentes en el paciente borderline, otros en el estrés postraumático y algunos en ambos, especialmente cuando se deben a un abuso sexual. Es destacable que un 81% de pacientes afectos de TLP refieren traumas interpersonales en su infancia (71% malos tratos, 68% abuso sexual y 62% violencia doméstica).

  Disponemos de otras observaciones biológicas que confirman esta asociación entre en TLP y TEPT:

  • Presencia de una región del cerebro (amígdala e hipocampo izquierdos) menor de lo normal.
  • Aumento de la actividad en ínsula y corteza prefrontral.
  • Disminución de la reactividad del cortisol.
 
 
Tratamiento Crisis de los 50

 

 

  Pero otro hecho de vital importancia ha ayudado a esclarecer estas relaciones y a comprender el problema: mientras que todos los pacientes con TEPT y muchos con TLP deben sus síntomas al trauma, una minoría de la población que se ha expuesto a experiencias traumáticas en su infancia desarrolla una patología en el adulto. Este hecho pone de manifiesto que para que aparezca la enfermedad el trauma debe ocurrir sobre una personalidad previa vulnerable y que no existe una relación no biunívoca entre trauma y enfermedad.

  El TLP tiene un origen multifactorial en el que el trauma puede ser tan sólo uno de los elementos de riesgo o causales. En nuestras observaciones, en nuestro medio es mucho más frecuente la identificación de la ausencia de traumas y la presencia de defectos en el establecimiento de los vínculos con la madre (maternaje negligente, no empático, ausente) o percepción temprana de rechazo o abandono.

  La presencia de traumas en la infancia es un precedente de un amplio grupo de trastornos además del TLP y el TEPT, no es un hecho específico de ellos. Se asocia, de hecho, más frecuentemente a:

  • Personalidad paranoide.
  • explosivo intermitente.
  • Trastorno disociativo.
  • Personalidad fóbico-evitativa.
  • Personalidad pasivo agresiva.

  Por todas estas razones debemos saber todos, pacientes y profesionales, que identificar un trauma no basta para entender y tratar la enfermedad. El paciente que justifique todos sus males en una experiencia traumática no llegará lejos en la comprensión profunda de su sufrimiento. Del mismo modo, el terapeuta que centre toda su atención y base el núcleo de su estrategia en el abordaje del trauma tampoco alcanzará altas cotas de eficacia.

  Como vemos, debemos considerar muchos más factores que, aun estando implicados, son mucho menos visibles y evidentes. Es su conexión oculta y personal con el trauma lo que hace que su significado sea único y, sólo comprendiéndolo, sabremos estimar la dimensión y consecuencias que ha tenido en la estructura de ese paciente.   

  A continuación ofrecemos una entrevista del pianista y novelista James Rhodes que habla de su novela “Instrumental” y de los abusos vividos en su infancia, sus consecuencias psiquiátricas y la forma que encontró para superarlos y que refleja en la novela. 

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