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Trastornos de personalidad

La personalidad es una dimensión del ser humano que afecta a la totalidad de sus áreas de funcionamiento, es su columna vertebral. Tener unos rasgos u otros puede condicionar nuestras reacciones, adaptaciones, desarrollo vital, patrón de relaciones o éxito laboral.

 

Pero mientras que en una persona joven los rasgos pueden irse modulando por las experiencias vivenciales, en el anciano la personalidad se rigidifica y sus rasgos se acusan cada vez con más intensidad. Genio y figura hasta la sepultura, dice el saber popular.

 

La personalidad puede tener un papel determinante tanto en la convivencia, como en el manejo médico del paciente (incumplimiento terapéutico, actitudes desafiantes etc.). Por eso, aunque no podamos cambiar la personalidad del anciano sí que podemos modular farmacológicamente su impulsividad, su agresividad, su irritabilidad, su suspicacia, su rigidez de pensamiento, sus “manías” etc. mejorando su calidad de vida y la de sus cuidadores.

 

Debemos saber que hasta un 60% de los pacientes psiquiátricos ancianos padecen además un trastorno de personalidad. Esto hace imprescindible la evaluación de la personalidad en todo paciente psicogeriatrico.

 

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